El cumpleaños de La Heredera

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Este post debería llamarse Cómo salir del paso cuando tu hija te pide un cumpleaños de la Bella y la Bestia y tu no tienes tiempo de reacción y un presupuesto determinado.

El año pasado la pobre Heredera, por circunstancias de la vida se quedó sin cumpleaños, así que este año queríamos que fuera especial.

Con el nuevo de ritmo de vida que llevo trabajando jornada completa, la cosa estaba más complicada que en años anteriores así que cuando me dijo que quería un cumpleaños con esa temática directamente pensé en comprar platos y vasos temáticos y listo. Pero no es tan fácil como yo creía, o al menos que no te cuesten casi el 90% del presupuesto del cumpleaños.

 Como hace ya tiempo que dejé de obsesionarme por las idílicas imágenes de Pinterest (porque te recomiendo que busques cumpleaños de la Bella y la Bestia, y prepárate a alucinar, sino mira aquí), tiré por la calle de en medio y opté por inspirarme en la película y centrarme en la combinación de colores: amarillo y rosa.

En la típica tienda de artículos de fiesta, aprovechando una tarde que los niños estaban con mi suegra y no voy rozando el límite de velocidad por la A2 para por lo menos estar un par de horas con ellos, compré platos, vasos y servilletas en ambos tonos. Además compré unos pompones gigantes de papel rosa, en un principio con la idea de poner una guirnalda encima de la mesa, pero sobre la marcha se me ocurrió otra forma que quedó muy original.

Por orto lado le pregunté a la niña según ella qué era lo más importante de la película, y para mi sorpresa me dijo: la rosa, mamá, la rosa. Así que vi el cielo abierto. En nuestra floristería compramos rosas amarillas a un precio excelente (1€ el tallo).

Desafortunadamente no pude hacer muchas fotos de la mesa, pero si que saqué alguna para que te puedas hacer una idea.

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Como ves el pompón lo desplegué solo la mitad y en el hueco que quedaba en el centro coloqué un cuenco bajo con las rosas cortadas. Me encantó el contraste de los dos colores. Me parece muy primaveral y estético.

Para rematar la fiesta, invitamos a tres amiguitas. La primera vez que traía amigas a casa, y encima en su cumpleaños. Te puedes imaginar la ilusión que le hizo.

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Puede que mi hija no tuviera una mesa de merienda como las de Pinterest o como las que les montaba antes, pero al día siguiente me hizo el mejor regalo nada más levantarse: mamá, ayer fue el mejor día de mi vida.

Besos,

 

 

 

Cómo controlar tus accesorios

Antes de meternos en faena, aprovecho para daros las gracias por la gran acogida que han tenido los post de Cambio de Armario en 20 minutos y Cómo tener un armario minimailista. Aun estoy contestando mails, y por supuesto he tomado nota de todas las propuestas de tema que me habéis hecho para publicar en las próximas semanas.

Y continuando con el hilo organizativo del armario, hoy ataco un tema peliagudo: los accesorios. Y es que no sé tú, pero yo tengo un problema con ellos. ¡Me encantan! Y cuando voy a cualquier tienda, siempre termino mirando collares, zapatos, fulares, bolsos o zapatos. Y es una atracción peligrosa, porque muchas veces pico.

Así como con la ropa conseguí controlar el impulso comprador sometiéndolo a la pregunta de si combina o no con más de una cosa de las que tengo, con muchos de los accesorios, sobre todo collares, me ha costado mucho lograrlo, pero al final se puede.

El otro día una lectora habló del programa 333 y en mi contestación a su comentario le dije que para mi lo más complicado de asumir ese reto sería el tema de los accesorios, porque con un armario muy básico, me apoyaba muchísimo en ellos para dar un toque más o menos especial al look. No es lo mismo vestir con una camiseta negra, un pantalón negro y unos zapatos de salón que con unas bailarinas, o unas deportiva blancas. O añadir un collar más historiado, o llevar una gargantilla sencilla. Por poner algunos ejemplos.

Por eso pensé que sería un buen post hablar de cómo controlar los accesorios. Cómo tomar las riendas para evitar que te invadan como me llegaron a invadir a mi.

Empezaré por lo más complicado:

Los ZAPATOS. ¿Cuántos pares de zapatos podemos necesitar? Esta es una pregunta muy muy relativa, porque depende mucho de tu vida diaria, de tu trabajo, de tu salud… Si la pregunta me la hiciera a mí misma, y depurando mucho mucho, mucho, te diría que unas bailarinas negras, una botas de piel marrón y unas converse blancas. Pero entre tú y yo eso es muy muy complicado de aplicar. De hecho, después de una grandísima limpieza porque he llegado a ser una Imelda Marcos a pequeña escala, cuento con 8 pares de zapatos por temporada, y 4 pares de zapatillas deportivas fijas durante todo el año.Ya esta bien!

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Lo sé, no es lo que se dice un zapatero minimalista por excelencia, porque al final son 12 pares anuales. Pero me los pongo y mucho.

Los BOLSOS. Aquí voy a ser más estricta.De hecho he empezado por aquí mi operación armario minimalista de cara al verano. Tengo dos bolsos estrella que pienso usar hasta la saciedad y casi exclusivamente: un bolso tipo saco amarillo que suplirá a mi maxi bolso de invierno negro, y un clutch grande de Zubi. Ambos regalo del Santo que tiene muy buen gusto siempre.

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La clave es escoger un color que pegue con prácticamente todo (por ejemplo el amarillo). O que cuente con varios colores para combinar.

Los FULARES. Son un must en mi atuendo diario tanto en invierno como en verano, porque todo, todo, todo, lo cojo por la garganta. Pero reconozco que he ido acumulando muchos a lo largo de los años. Pero ¿me los pongo todos? No.

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Es verdad que ahora que el armario está lleno de prendas de colores lisos, puedo tirar de casi cualquiera, pero entre tú y yo, tengo épocas en las que de repente me pongo uno muchísimo, y luego no me lo vuelvo a poner en años. Otros cuyo estampado ahora no se lleva en absoluto¿Como escoger? Poniéndolos todos doblados encima de la cama y seleccionar los que más te has puesto durante los últimos tiempos. De esos, comprueba (como con la ropa que tienes la tentación de comprar) con qué looks puedes usarlos, si hay más de tres, se queda, si no, guárdalo. El resto, los que no te pones desde hace tiempo, dónalos para la tómbola del cole o regálalos.

La BISUTERÍA. Aquí hay que ejercer mano dura y no sentir piedad. Normalmente la bisutería es barata y la compramos por modas. Por lo que cuando haya pasado esa moda, no te la vas a volver a poner en la vida.

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Para tu hija guarda joyas, no baratijas que cambian de color, se pasan las gomas, etc…Cuando me tocó hacer la limpieza a mi, descubrí que durante todo el invierno, sólo me había puesto 4 collares de bisutería. Me probé uno a uno el resto que quedaba y o me veía rara, o me quedaba muy largo, o demasiado corto, o era muy incómodo,o pesaba…¡Fuera! Ahora puedo darme un par de caprichitos de temporada, sabiendo que me los pondré seguro.

CINTURONES, SOMBREROS, etc. Al final todo consiste en someterlos a un examen, en el que tenemos que tratar de ser lo más imparciales posibles. Ese cinturón que te compraste dos tallas más grande porque te enamoró y te dió igual tener que hacerle un agujerito con la punta de una tijeta para poder llevarlo fijo. O por el contrario, guardas un montón de los que te ponías cuando pesabas 10 Kg. menos y tenías un cuerpo adolescente. Sombreros que estuvieron de moda, pero que lo mismo no vuelven a estarlo en 10 años, o que te compraste en un ataque de locura llamativa transitoria, pero que no te pones nunca porque nunca es el momento, o vas al lugar adecuado.

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En fin, regala, regala y regala todo lo que consideres que es bueno, tiene valor sentimental para tí (en ese caso, cuéntaselo a la persona que se lo des). Y lo que no, dona, tira, vamos, que te deshagas de ello.

Te darás cuenta que no los echas de menos, y aprovecharás más y mejor lo que tienes. Por no hablar del espacio.

¿Tú también eres adict@ a los accesorios? ¿Te superan o los controlas?

Un beso,

 

Plantando

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Yo tengo cero feeling con las plantas. A las que no mato de sed, las ahogo a traición. El año pasado me juré a mi misma que nunca volvería a tener plantas en la terraza, pero como todos los años, llega esta época del año y caigo en la tentación.

La Heredera hace un par de semanas fue con el cole al Huerto de Carlos, y vino muy “puesta” en el tema del cultivo y cuidados de plantas. Durante días, nos ha estado dando clases magistrales a todos de cómo se planta, de la necesidad de sol, agua, aire…y por supuesto, insistiendo en que plantáramos algo.

Así que me acordé de cuando era pequeña y en el cole plantábamos garbanzos, o lentejas…, la ilusión que hacía empezar a ver los pequeños brotes verder abríendose paso hacia la superfice. ¿Cómo negarle esa experiencia a mis hijos?

Compramos tierra, aprovechamos los viejos tiestos de barro de mi abuela, que colecciono más por decorar que por otra cosa, y nos pusimos manos a la obra.

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Para identificar lo que habíamos plantado pinchamos un corcho a un palo de brocheta y pusimos el nombre.

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Ya veremos que pasa…

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Desde aquí pido ayuda y consejo. Nuestra pequeña terraza está orientada hacia el sudeste, en verano le da el sol desde primera hora de la mañana hasta el medio día aproximadamente, pero se concentra bastante el calor. No tenemos grifo para poner riego automático. ¿¿Que puedo plantar para darle un poco de color?? Una vez intenté con geranios pero se pusieron pochos por no sé que bicho y no he vuelto a repetir.

Venga!!! ¿Alguien en la sala que tenga mano con las plantas y que pueda decirme qué plantar y truquis para que no se me mueran a la mínima de cambio?

Espero vuestros consejos…

Un beso fuerte,

¿Cómo tener un armario minimalista?

lmal5-armario-minimalista-portadaSegún Wikipedia el término minimalista se refiere a cualquier cosa que haya sido reducida a lo esencial, despojada de elementos sobrantes.

Si estás leyendo esta entrada, de algún modo, es porque buscas organizar tu vida, simplificarla para que fluya con tranquilidad, y personalmente yo empiezo bien o mal el día según me enfrente a mi armario por la mañana.

Durante una época me preparaba la ropa del día siguiente por la noche. Lo pensaba todo, pero estaba muy cansada, y había días, que cuando me levantaba y me plantaba ante el conjunto de turno, aquello era lo que menos me apetecía ponerme en el mundo. Y dejé de hacerlo.

Pero entonces caí en el polo opuesto. El de que con las prisas tienes la razón nublada, y no siempre encuentras la mezcla perfecta a la primera. Así que empecé a pensar en la fórmula que más me convenía, porque estaba claro, que ninguna de las otras dos lo eran.

Me di cuenta que el problema era que tenía demasiadas prendas que no combinaban mas que con una cosa específica, lo que me limitaba bastante y sobre todo ocupaba espacio, que visualmente me saturaba la vista, especialmente a las 6:30 de la mañana.

Andrea Amoretti tiene una pista de estilo que me encanta y que desde que la conocí llevo a la práctica casi como un mantra: En el armario, lo que no se ve, no se usa.

Así que el primer paso, fue deshacerme de todo aquello que me sobraba. El método de Marie Kondo, me dio el empujón definitivo, y como te decía en el post Cambio de armario en 20 minutos, fue la primera fase de mi armario minimalista.

Y es que minimalismo no significa tener menos, sino tener más espacio para aquellas cosas que sí que importan. Y no tienen por qué ser cosas materiales, como por ejemplo comprar otro par de vaqueros, sino que pueden ser también, como en mi caso, tiempo, calidad de vida, más energía, etc.

Al reducir considerablemente el número de prendas de mi armario, y teniendo siempre presente la frase de lo que no se ve, no existe, convertí mi armario en lo que algunos denominan ahora: armario cápsula.

Un armario cápsula es aquel constituido por pocas prendas y sobre todo básicas, de modo que puedan combinarse la mayoría unas con otras. Mi armario es un armario donde predominan el blanco, el negro, el gris y el azul marino, pero donde también encontrarás, camisetas de colores, chaquetas especiales, faldas de temporada. Prendas que llegan a mi armario siempre y cuando puedan combinar con al menos otras tres prendas que ya tengo.

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A la hora de enfrentarme al armario, las combinaciones son múltiples, y nada complicadas. Y dependiendo de mi humor, serán más básicas o con un toque más original. Además la mayoría puedo ponérmelas en invierno añadiendo un jersey y unos calcetines, o en verano, con sandalias y un foular para combatir los estragos del aire acondicionado en verano. Esto provoca un Cambio de armario en 20 minutos.

Para rizar el rizo de simplificar el momento vestirse cada mañana, y ayudándome de mi tablero My Style en Pinterest en la cara interna de la puerta del armario he pegado fotografías con combinaciones de prendas que tengo de modo que tengo 21 combinaciones (1 look para cada día durante 3 semanas). Sobre cada combinación he ido poniendo lunes, martes, miércoles, etc… de modo que sólo tengo que mirar el día en que estamos y seleccionar las prendas que lo forman. Si ese día llueve le añado unas botas altas, o unos zapatos tipo oxford, y por encima la gabardina.

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Sólo puedo decirte que el éxito en mi vida ha sido rotundo, y no puedo menos que recomendárselo a todo el mundo. ¿Te apuntas al reto #armariobasicolmal5 ? ¿Tienes algún otro truco para ahorrarte el momento “no sé que ponerme“?

Besos,

 

 

 

 

Dale caña

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Aquí me encuentro, una tarde de sábado, con La Heredera durmiendo plácidamente una de esas siestas de las que eres consciente de que se levantará de muy mala leche y además luego no habrá quien la acueste, pero que te permiten tener un rato para ti, porque el sector masculino de casa se ha ido a jugar al fútbol.

Así que aprovecho para “reactivar” un poquito el blog, que últimamente lo volvía a tener un poco parado, pero no por falta de ganas, sino de tiempo.

No sé si os pasa a vosotros, al menos los que tenéis hijos, pero parece que los “eventos” escolares en los que es necesaria tu participación, ya sea presencial o lo que es ya casi peor, aportando largas listas de cosas como: flores para la Virgen, rollos de papel higiénico, platos de cartón blanco, pan de perritos, camisetas muy largas blancas, rotuladores de tela en un color específico, o tapones que no sean de los dentados… se acumulan en las últimas semanas de colegio.

De verdad, en mi agenda hay más cosas apuntadas de los niños, que en cualquier otra fecha del año.

Y ¡ay de ti como se te olvide algo! Gracias al cielo, siempre hay una madre o padre solidario que lleva material de más y que hace que tu hijo no sea el garbanzo negro de la clase, que en vez de un cordón de algodón blanco trenzado para la túnica de griego, su madre ha metido una cinta elástica blanca finita que encontró en el costurero la noche anterior, porque estaba segura de que se apañaba y listo.

Pues en esas ando. Y eso que me consideran organizada. Pero soy humana, y mi día sigue teniendo 24 horas como todo hijo de vecino.

Pero a mí como me va la marcha, cuando más estrés tengo, más me mola complicarme la existencia. Es como a los que les engancha el running, footing o como quieras llamarle a correr. Que dicen que cuanto más lo practicas, más lo necesitas… pues yo cuando bajo el ritmo…malo.

Así que he sacado un cuaderno nuevo. Si, otro, pero es que es una adicción el comprar material de papelería, y los cuadernos son una auténtica debilidad. ¿Porque dónde si no iba a escribir mis listas? Y a comenzar de nuevo.

No te voy a preguntar qué es lo que te gusta de La Merienda a las 5. No, porque las estadísticas me lo dicen claramente. Por eso, en la parte de arriba del blog, justo debajo del precioso logo que dibujó Nader Sharaf , y diseñó mi queridisísima amiga Ana, verás los temas que más os gustan y las entradas correspondientes.

Así que “dale caña, Esther“. Pero por supuesto, acepto sugerencias, peticiones y demás consejos que enriquezcan este sitio.

Un beso fuerte,

 

 

La buena educación

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Hace unas semanas tuve una conversación con un amigo sobre los hijos, en la que concluimos que lo más importante era dejarles en herencia educación y valores.

Aquella frase, con la que estoy completamente de acuerdo, lleva rondándome días por la cabeza.

El otro día, celebrando el cumpleaños del Mayor, de repente me di cuenta de lo rápido que estaban creciendo. Con ocho años ya, empieza a tener más marcado su carácter, su personalidad y educarle cada vez me resulta más complicado.

No es que se esté rebelando, ni mucho menos, sino que probablemente esté revelado su personalidad. Antes, no se planteaba duda alguna ante nuestras respuestas, o cuando le decíamos que no debía hacer algo en concreto. Ahora, además de indicarle lo que está bien o mal, también tengo que explicarle por qué, y qué pasaría si siguiera haciendo algo mal, qué repercusiones podrían tener, no sólo para él, sino sobre todo, para los que le rodean.

Me vienen a la mente muchos momentos de mi infancia y adolescencia. Comer con un libros debajo de los brazos evitando que se cayeran, mis padres enseñándome a usar el cuchillo como único modo de empujar la comida al tenedor, etc…

Entiendo ahora que mi gusto por las cosas protocolarias tiene sus raíces en esas constantes enseñanzas diarias de mis padres. Cómo coger una taza, o el lenguaje de los cubiertos fueron cosas que aprendí de muy pequeña. Por los recuerdos, creo que debía tener la edad de mis hijos mayores.

Una cosa que me ha sorprendido mucho, es que a mis hijos nadie les ha explicado que existe el pronombre personal “usted”. Que a los adultos, si no se les conoce, siempre hay que hablarles de usted. ¡Pues no sabes lo que me está costando que lo entiendan, y más aún que lo apliquen!

Me hace gracia porque en el cole a los profesores les llaman Don Javier, Don Carlos, etc. pero luego les tutean. ¿Qué sentido tiene? Imagino que esto terminarán aprendiéndolo, como todo. Pero me parece una pena que se pierdan ciertas costumbres, y ¿por qué no aprenderlas desde pequeñitos?

Volviendo a la importancia de dejar en herencia educación y valores, y sopesando la difícil posibilidad, por ahora, de facilitarles a mis hijos experiencias como viajar por el mundo, conocer otras culturas, etc… he decidido comenzar por enseñarles buenos modales a través de experiencias especiales.

Reconozco con orgullo que tengo unos niños muy buenos. Tranquilos, y obedientes, lo que me permite llevar mi hazaña con cierta relajación y sabiendo que tampoco arriesgo demasiado.

Así que por ejemplo me llevé a los niños a merendar a Embassy con motivo del séptimo cumpleaños del Mediano.

Quería que vivieran la experiencia de merendar en un sitio especial. Por supuesto, cuando entramos por la puerta noté las miraditas de la gente que había allí tomando el té, el noventa por ciento con una media de ochenta años, y más litros de laca por metro cuadrado que en el mejor centro de peluquería del barrio, al ver llegar a tres niños despeinados, con las rodillas mugrientas después del cole y las manos más negras que puedas imaginarte. Sin embargo logramos llevarnos las felicitaciones y sonrisas de varias señoras al irse.

De este modo aproveché para explicarles cosas tan elementales como que la cucharilla no tiene que rozar la taza (haciendo ruido)  cuando remueves la bebida del interior. Cómo se prepara un té, o como has de dejar los cubiertos al terminar tu plato.

Creo que el ambiente ayudó a que comprendieran aún mejor la importancia de esos detalles, mientras se tomaban, para mí, la mejor tarta de limón del mundo. Y que no hubiera calado igual si se lo explico en el salón de casa.

Sé que tuve una infancia poco convencional y que mi hermano y yo fuimos muy afortunados teniendo unos padres como los nuestros, y unos abuelos paternos que no escatimaron gastos con nosotros (nietos únicos) enseñándonos a comer marisco en El Pescador desde muy pequeños, o a tomar el té en el Ritz.

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Leído así, puede que suene cursi y pretencioso, pero hoy, treinta años después, recuerdo esos momentos con el corazón, y sé que además de experiencias, me aportaron cosas muy importantes para mi educación. Y eso exactamente es lo que quiero que tengan mis hijos.

No quiero niños petulantes y resabiondos, sino niños que además de buenas personas, se desenvuelvan con soltura en cualquier ambiente.

El trabajo con ellos no ha hecho más que empezar, y soy consciente de que no será fácil, pero creo que nos lo vamos a pasar muy bien. Tengo ya una lista que empieza a ser larga.

¿Y tu? ¿Me recomiendas algún momento-experiencia de este tipo?

Un beso,

Cambio de armario en 20 minutos

Este año he tardado en hacer mi cambio de armario exactamente veinte minutos.

Y no, no lo digo con ironía. Estoy tan sorprendida que hasta me he animado a sentarme delante de mi ordenador y contarlo.

Mucho se escribe sobre el famoso cambio de armario, especialmente en los últimos días donde las lluvias y el frío nos dieron una falsa tregua, al menos en Madrid, y nos hicieron anhelar, aún más, el verano.

Por todas partes he visto post sobre cómo enfrentarnos a ese momento, incluso en 10 pasos para no odiar el cambio de armario.

Pero esta vez, simplemente vengo a contarte que el éxito de mi cambio de este año, no es más que el resultado de, como ya te conté en su día, mezclar el Método Kondo, con mi propio método. 

Todo se origina en el último cambio de temporada, en el cual, literalmente, arrasé mi armario.

Sometí todas y cada una de las prendas a las famosas preguntas de ¿me lo he puesto en la última temporada? ¿Me hace feliz? .Y tiré, doné, regalé bolsas y bolsas, quedándome, y no exagero con lo indispensable. En mi caso, prácticamente básicos (pantalones negros, vaqueros, pitillos de tres colores, camisetas blancas, negras, grises, camisas lisas, una vaquera, tres o cuatro jerséis, blazers, un vestido muy florido y listo). Y así he sobrevivido prácticamente siete meses sin problema alguno, y añadiendo, otros básicos, o piezas más de moda.

El otro día,  decidí enfrentarme como cada año al temido cambio de armario, cogí unas cuantas bolsas, y me puse a sacar mi ropa de verano, dispuesta a emplear toda la tarde como en otras ocasiones.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que la ropa guardada apenas ocupaba una balda del altillo. Dos faldas largas que me puse hasta el hartazgo el verano pasado, un vestido regalo de mis cuñados por mi cumple, una falda, tres pantalones tipo pijama y tres camisetas.

Y a cambio subí los dos jerséis más gordos, las camisetas de manga larga y el vestido florido, los pijamas gorditos y las camisetas interiores, porque todo, todo  lo demás, me lo puedo poner también en verano.

Los zapatos y calcetines, son por supuesto, capítulo aparte. Y por ahora los voy a dejar hasta finales de mayo, cuando me asegure más calorcito. Es verdad que habrá muchos que no me ponga, pero prefiero hacerlo todo de golpe para evitar perder el tiempo. Y por ahora, en caso de calor, tirar de bailarinas.

Como terminé tan rápido, y estaba tan motivada, tuve tiempo de colocarlo todo bonito. E incluso preparar conjuntos básicos para esos días en los que no te apetece nada de nada pensar.

Navegando por mi inspirador Pinterest, descubrí que lo que yo tengo es un “armario cápsula”, un vestidor con pocas piezas pero que prácticamente todas combinan entre sí, proporcionándote un montón de combinaciones, incluso en distintas estaciones. La clave para dejarte llevar por las tendencias, está en ir adquiriendo piezas de temporada que siempre te combinen con al menos dos o tres cosas de tu armario.

Así que esta vez te animo, si no lo has hecho ya, a hacer una super limpia de ropa, quédate con lo esencial, y ya verás como son los minutos mejor invertidos de tu vida.

Besos,

Volver a empezar

No sé si ya he usado más de una vez este título, pero desde luego, es una frase que desde hace días me ronda y ronda, que la tengo en la punta de la lengua.

La alarma saltó con un mail de una lectora en la que me decía que no podía acceder a La Merienda a las 5, y es que no me dí cuenta que la renovación automática del dominio era durante dos años, por lo que ignorar los mails de Go Daddy en mi correo electrónico personal me llevó a que el nadie pudiera acceder a http://www.lameriendaalas5.com.

Al principio (ya sabes que soy muy dada a ver señales en todas partes) me dio la ventolera de no renovar, al fin y al cabo, lo mismo era el momento de dar carpetazo a una etapa de mi vida y listo. Sin embargo, la llegada de mails de lectoras que me preguntaban si pasaba algo y mostraban su temor a quedarse sin el blog, y por supuesto, el empujoncito final del Santo, hicieron que el domingo por la tarde decidiera recuperar el dominio.

¡Ah! Pero las cosas no son tan fáciles como las pintan, y lo que en su día fue relativamente fácil (incluir el dominio a blogger) se convirtió en una pesadilla. Obsesa de mi, comprobaba cada dos por tres la página para ver con horror que o bien ponía que no estaba disponible, o bien que había un error

Señores, yo soy Historiadora del Arte, y de programación y ordenadores, se lo justito para modificar los tonos, tipografía y tamaño de las imágenes de mis post. Mas allá soy una especie de camicace fanática de los tutoriales de youtube que se lanza a la aventura, y la lía, y lía, porque seguro que esto se puede solucionar desde casa.

Si estás leyendo esta entrada es que logré salvar la situación, no sé de qué modo.

Y puestos a reiniciar, me dije, que se me había quedado anticuado Blogger y que por qué no probar las tan vendidas virtudes de WordPress. Ya veremos si la fiesta no termina pasada por agua.

Por de pronto, me gusta más la imagen que me permite dar. Más limpia, y moderna. Tampoco me ha dejado elegir mucho, pero bueno, estoy en una época minimalista en mi vida, y de milagro no lo he dejado todo en blanco y negro.

De todos modos como decía arriba, veremos como se desarrolla esto. Aunque como ya he pagado, me toca quedarme por aquí, sin más remedio.

Pero si de una cosa me he dado cuenta en estos días de ansia por ver mi Merienda a las 5 en su sitio, ha sido que creo que me sería difícil dejarlo, dejarte. Basta que no puedas escribir para que las musas te visiten y te propongan quedarse una temporada.

Un beso,

 

 

Cómo organizarse en el trabajo (II)

La semana pasada comencé con el tema Cómo organizarse en el trabajo, y como lo prometido es deuda, aquí tenéis unos pocos tips para empezar y que yo estoy llevando a cabo sin demasiado esfuerzo pero muy buenos resultados. 

1. MESA DESPEJADA.
Dicen los expertos que enfrentarse a una nueva jornada sentándonos ante una mesa limpia de papeles y distracciones varias ayuda increíblemente.

2. DISTRIBUYE TU TIEMPO.
Abre tu agenda, o libreta, y lista todas las tareas que tienes y quieres hacer en el día. Empieza por aquello que sea prioritario, por ejemplo algo de lo que dependa el trabajo de otros, es decir algo por lo que si tú te retrasas otros no podrán hacer su labor y provoques un retraso en cadena. 
Continúa por lo que no te apetezca nada hacer, por engorroso, por ser un problema a resolver… dicen que es mejor quitárselo de en medio lo antes posible, primero porque a primera hora estamos más frescos y capacitados. Segundo porque evitaremos llevarlo en mente todo el día.
Ponte límites de tiempo para llevar a cabo las tareas. Períodos de 25 minutos con descanso de 5. Trabajar contrarreloj lejos de estresar, dicen que ayuda a que nos concentremos más. Pero igual de importante es descansar y desconectar.
Deja las últimas horas libres para imprevistos de última hora, o mejor aún, para adelantar trabajo.
3. CONCENTRA TAREAS DEL MISMO TIPO.
Hacer un mismo tipo de tarea durante un período determinado de tiempo provocará que trabajemos mecánicamente, y por tanto más rápido, que si saltamos de una a otra tarea. Por ejemplo, si tienes que rellenar formularios, o redactar informes, reserva un rato para hacer todos los que sea posible, incluso adelantando futuros.
4. EL E-MAIL.
Estar pendientes del correo electrónico, de contestar al momento, es una de las formas más fáciles de distraernos de nuestro objetivo. Es mejor estipular tres momentos de la jornada para comprobar y contestar. Lo que sea realmente urgente no dudes que te llegará vía telefónica. 
5. DISTRACCIONES.
Hay quien se pone el móvil en modo avión, o quien directamente lo apaga. Hay quien cierra el correo electrónico o desactiva el icono que te avisa de la entrada de nuevos mails. Hay quien usa tapones, o música para concentrarse. Para ser productivo hay que evitar distracciones, porque la clave no es trabajar más sino mejor. 
Sin embargo también es importante interactuar con los compañeros, reservar esos 5 minutos entre sesión y sesión para levantarte a por agua, a la impresora y charlar con ellos.
6. ORGANIZA TUS PAPELES
Usa archivadores, carpetas de colores, bandejas, o el método que te parezca mejor para organizar tus documentos sin tenerlos apilados encima de la mesa. 
7. LIMPIA-TIRA.
Durante la jornada, y sobre todo antes de marcharte a asa, haz un repaso de pos-it caducados, anotaciones rápidas que haces en hojas reutilizadas, y de todo aquello que no sea ya necesario tener a las vista, o incluso tener. De ese modo comenzarás el día con el punto número 1 listo. 
En las últimas semanas he estado implementando estos puntos, y ha resultado extremadamente fácil, sobre todo cuando ves que los resultados son visibles y te hacen estar mejor. Por lo que en un próximo post prometo contar punto a punto cómo me estoy organizando personalmente y cómo he adaptado los puntos de arriba a mi día a día. 
¿Tu tienes algún truco infalible para compartir? 
Un beso, 

Cómo organizarse en el trabajo (I)

Si me preguntaran qué sentimiento describiría mi estado de las últimas semanas lo tendría claro: desbordada
No todo es oro lo que reluce y ante las nuevas circunstancias reconozco que me he sentido muy perdida. 
Me gusta ser práctica. Soy de las que piensa la ruta más rápida antes de cada traslado, de las que la frase “matar dos pájaros de un tiro” es un lema vital, de las que celebra que hayan sacado una crema que te puedes aplicar bajo la ducha como si me hubiera tocado la lotería. Por eso cuando día tras día ves que no avanzas, que los imprevistos en el trabajo te retrasan y hacen que te equivoques una y otra vez, es lógico que me sienta enfadada conmigo misma, estresada y como es lógico, desbordada. 
En el trabajo he coordinado mi primera exposición “grande”, y sé que puedo hacerlo diez veces mejor de lo que he hecho esta. 
Analizando la situación me he dado cuenta de dónde han radicado los principales errores, el origen de los fallos. Ha sido en la forma de organizarme
Está claro que la clave de un buen trabajo es la organización. Y en este caso, lo que le vale a unos, no me ha valido a mí. 
Es lógico que cuando estás aprendiendo algo, asumas el sistema del maestro como el único, pero creo que no todos los sistemas son válidos para todas las personas. Y ese ha sido mi principal error. 
Es complicado cambiar de método después de diez años trabajando con otro. Y eso me ha provocado doble descoloque. Todo nuevo, doble inseguridad, mayor probabilidad de error. 
Ahora que todo ha acabado, que las obras cuelgan en las paredes, o lucen en sus vitrinas, tocaba analizar y sobre todo enmendar. Buscar la solución.
Por eso, en los últimos días he estado leyendo, empapándome de técnicas de gestión de tiempo, de mejora de la productividad laborar. GTD, sistema Pomodoro, Eat that frog, Batching, Eisenhower, Bullet Journal… hay mil formas de enfrentarse a un trabajo y sacar lo mejor de uno mismo, para desenvolverse ante los imprevistos sin que tu barco haga aguas a la mínima de cambio. 
He estado buscando fórmulas mágicas que me ayuden a enfocar los siguientes proyectos del modo correcto. No quiero sentirme desbordada, o al menos que ese sentimiento sea continuo o afecte a mi vida personal. 
Sé que la magia no existe, y que sólo con constancia conseguiré lo que me propongo pero bueno, no voy por mal camino. 
He sacado en claro algunos puntos esenciales que todos comparten:
· Anticípate
· Distribuye las tareas en grupos (tipo, prioridad, complejidad…)
· Ponte límites de tiempo
· Evita las distracciones 
No parece nada del otro mundo, lo difícil es llevarlo a cabo de una manera fluida y natural. Pero no es imposible.
Si te interesa el tema, y tienes una cuenta Pinterest, aquí he recogido distintas páginas, infografías, e ideas que pueden serte tan útiles como a mí. Yo, mientras, voy a ir implementando lo aprendido.
Tranquilos todos, que esto no se acaba aquí. En los próximos días, haré un resumen más extenso de lo aprendido. Y abordaremos a fondo cómo organizarse en el trabajo para ser más productivo