Escapada para 2 – Ronda

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Uno de los propósitos que me hago prácticamente cada año, es rascar tiempo para escaparme con el Santo. Parece tarea fácil, pero al final, entre pitos y flautas dejamos pasar el tiempo.

Este año parece que lo vamos consiguiendo, y al menos una vez por trimestre hemos conseguido un fin de semana para nosotros.  Primero fue el fin de semana en el Parque Nacional de Monfrague, y esta vez, aprovechando que era nuestro aniversario y que estábamos pasando unos días en Marbella, decidimos ir a conocer Ronda.

Mi marido ha veraneado toda su vida en Marbella y con 37 años no conocía esta bonita localidad, y como yo tenía muchísimas ganas pensé que era la mejor opción.

Con los niños “colocados” con la abuela y los tíos, nos marchamos en dirección a la Sierra de las Nieves. Tan sólo nos separaban 50Km de casa, pero el camino, lleno de curvas (aunque con una buena carretera) se me hizo largo. Eso sí, el destino merecía la pena.

Sinceramente, siempre me había imaginado Ronda, un poco al estilo de las postales románticas del s.XIX.  Un pueblo blanco coronando una montaña. Sin embargo, la ciudad, a día de hoy se ha extendido considerablemente, aunque afortunadamente el casco antiguo, mantiene intacto ese aire renacentista-barroco que tenía en mente.

Nos hospedamos en el Hotel Reina Victoria. Un clásico renovado hace poco con un gusto exquisito. Respetando los elementos clásicos y todos los recuerdos de escritores que por allí pasaron en su día (alberga el Museo de Rilke), cuenta con una decoración moderna y muy muy cuidada. Creo que hace tiempo no había disfrutado de algo así.

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Además merece la pena disfrutar de la cena en su restaurante, donde te sirven platos vanguardistas en una preciosa terraza al aire libre con música en directo. Más romántico, imposible.

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Por la mañana, después de un pantagruélico buffet, porque desde luego nos dimos un buen homenaje, aprovechamos para conocer la ciudad a pie. El empedrado no es precisamente cómodo, cuando como yo optas por sandalias, pero al final, es tan bonito lo que ves que te da igual.

Ronda está llena de rincones mágicos, fachadas trabajadas y mucha vida. Hay varios museos:  el Municipal en el Palacio de Mondragón, el Lara en la calle Armiñán, el Museo de Joaquín Peinado, Museo Taurino de la Real Maestranza, el del Bandolero…en fin gran variedad para una ciudad no muy grande.

El Santo y yo optamos por el Museo de Ronda pensando que sería el más general. Particularmente me llevé una decepción, porque no era lo que tenía pensado. El museo en sí, está muy cuidado, y la idea es muy buena si vas por ejemplo, con niños, para enseñarles a grandes rasgos la evolución de las ciudades, pero no específicamente Ronda. Eso sí, mereció la pena por ver sus patios interiores o los jardines de estilo árabe.

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Callejeamos y callejeamos, parando en pequeñas placitas, en bancos excavados en la roca, en el parque de la Alameda del tajo. Para comer, hay un par de calles en la zona nueva donde los restaurantes de todo tipo se suceden uno tras otro y los camareros te abordan ya a las 12 de la mañana con las cartas. Pero te recomiendo que huyas de ahí y busques en el interior del casco antiguo, donde había tascas clásicas, y donde no hay tanta concentración de turistas.

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Eso es algo que me llamó mucho la atención. A pesar de la cantidad de gente que pudimos ver en las cercanías de la plaza de toros o el Parador, luego al callejear puedes sentirte solo, escuchar el silencio o el día a día de los interiores de las casas. Por lo que en ningún momento tuvimos sensación de agobio o masificación y se puede pasear muy tranquilamente.

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Ronda se puede ver fácilmente en un día, no necesitas más, y luego se puede aprovechar el resto del fin de semana para conocer la Sierra de Grazalema y los pueblos blancos. El plan merece la pena.

Y aunque ahora se nos presenta una época de mucho trabajo a los dos, ya estoy pensando dónde será nuestra próxima escapada. ¿Alguna recomendación?

Besos

 

Cómo gestionar bien tu tiempo

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No es la primera vez que toco este tema en el blog, quizá porque sea una de mis mayores aspiraciones desde hace años, cómo gestionar mi tiempo del mejor modo posible.

Todo comenzó hace varios veranos con una lectura en un AVE Málaga – Madrid, una tarde de un domingo de principios de Julio en la que volvía de estar con los míos durante el fin de semana.

Me acuerdo perfectamente del momento, aunque no el porqué cayó en mis manos aquel Eat That Frog que me enganchó de tal manera que las casi tres horas que dura el trayecto se me pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

A partir de ahí he ido encadenando manuales, libros y blogs  en inglés, español y hasta en portugués para indagar en el tema y seguir aprendiendo.Y si, parece que va dando sus frutos.

Es verdad que prácticamente todos hablan casi de lo mismo, sea cual sea el método todos mantienen nexos comunes, y esos nexos son los que a base de leerlos una y otra vez, aquí y allá, terminan grabándose en el subconsciente y al final se convierten en algo natural.

Hay gente que nace ordenada, organizada, y otros tenemos la necesidad de sentirnos así, pero lamentablemente no es algo innato en nuestro caso. Sin embargo, me atrevo a apostar que a la mayoría nos gustaría controlar nuestro tiempo, aprovecharlo de la mejor manera, ya sea para rendir más en el trabajo, en casa, o en los estudios, pero sobre todo para disfrutarlo, no sentir el agobio ni el estrés de “no llegar”. Poder decir, tranquilos, lo tengo controlado.

El caso es que no es fácil,  pero se puede conseguir. Igual que en su día conseguimos mantener ordenada y limpia la casa a base de trucos sencillos y planificación, ahora te propongo que busquemos la fórmula de gestionar nuestro tiempo de la mejor y más fácil manera posible, de forma que nos permita abarcar todo eso que nos agobia.

Yo no soy experta, pero me gusta el tema, me gusta indagar y probar cosas nuevas que encuentro, y ¿por qué no contar mi experiencia?. Al final puede servirte de motivación o quizá te anime a seguir mejorando por tu cuenta, y al final todos seamos un poquito más felices.

Así que se consolida una sección: Gestión del tiempo. Arriba en la barra, al pinchar en ella, podrás encontrar algunos de los posts que ya he escrito relacionados con este campo. Poco a poco iré publicando más al respecto, alternando con cosas más personales y mis recomendaciones para leer, comer, viajar o disfrutar en familia… en fin parece que voy de nuevo cogiendo las riendas de mi querido blog.

Un beso,

 

Vuelta al cole

vuelta-al-coleYa llevamos casi una semana de cole, pero entre presentaciones, aclimatación, y la jornada solo de mañana, no siento aún que hayamos vuelto aún a mi tan ansiada rutina. Aunque parándome a pensar, más que rutina,  a mi ansiado orden.

Confieso que la casa está manga por hombro, y aunque durante las semanas que estuve sola en Madrid aproveché las tardes para darle un repaso importante  a la casa, la llegada de los niños ha sido como si los hunos hubieran pasado por aquí.

Hay cierto desbarajuste de ropa. Seguimos teniendo demasiada. Hay desbarajuste de juguetes. Demasiados. Hay desbarajuste de libros, cuentos, cuadernos de verano, miles de hojas pintarrajeadas. En fin hay demasiado de todo, y poco tiempo para dedicarlo a enderezar un poco el rumbo de este barco.

Este año cuento con ayuda, pero aún estamos tratando de remar al mismo ritmo. Llevo demasiados años apañándome yo sola con la ayuda del Santo como para que de la noche a la mañana encuentre mi alma gemela. Pero bueno, tiempo al tiempo. Estamos poniéndonos ambas a prueba.

Como decía en el post anterior, este verano no ha sido un verano cualquiera, y lo he disfrutado a tope, pero con los niños ya en Madrid la cosa cambia, y antes por demasiado calor y ahora porque han bajado las temperaturas, estamos como que no nos encontramos. Ni ellos, ni yo.

Reconozco que me encantaría haber preparado la vuelta al cole como yo misma propuse aquí (pincha, pincha), pero la realidad ha sido otra. Tengo un armario en la entrada que literalmente empujo con el cuerpo para poder cerrarlo. Y encontrar los zapatos de los niños es una auténtica búsqueda del tesoro.

Pero poco a poco sé que volverá a fluir todo. Cada tarde dedico un ratito para tirar y reordenar algún rincón de casa, esos puntos calientes que llama Flylady, eso si, cruzando los dedos para que mis hijos se apiaden de mi y dure un poco más que unos minutos.

El momento tirar-tirar-tirar me sirve para paliar los estragos del estrés que tengo en el trabajo. Así que amigos, aprovechad a tirar si estáis un poco atacados como yo. La recompensa es ver menos basura a tu alrededor, menos cosas, y por tanto una visión más relajada. Ahí es cuando me reconcilio con Marie Kondo.

Así que en esta casa, unos han vuelto al cole y otra, parece que poco a poco también. Seguimos…cogiendo el ritmo.

Besos

No ha sido un verano cualquiera

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Aunque hace ya más de cuatro semanas que mis vacaciones de verano acabaron oficialmente, que los niños y El Santo hayan seguido disfrutando del verano hasta prácticamente la semana pasada me ha ayudado a “alargar” un poquito más esa sensación de disfrutar más de los días, de la familia, del sol…

Este año reconozco que por primera vez en mucho tiempo llegué a las vacaciones sin una necesidad extrema como en otras ocasiones. Me había incorporado al trabajo apenas seis meses antes y no me había dado tiempo a quemarme. Pero aún así, ¿a quien no le apetece pasar más tiempo con sus hijos, con su pareja, en familia?

Nuestra primera parada fue Marbella, lugar de veraneo de toda la vida de la familia del Santo. Días compartidos con mi suegra, cuñados, sobrinos y primos. Días de baños de mar más o menos placenteros dependiendo de la playa a la que decidiéramos ir, mucho sol, lectura, paseos por la orilla, por el paseo marítimo. Mañanas de mercadillo, tardes de compras para chicas, helados en Puerto Banús, y sobre todo nuestra pequeña escapada a Ronda.

Ver a La Heredera nadar como si lo hubiera hecho toda la vida, disfrutar de las tardes en calma, de los primos jugando sin parar.

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Y tras el mar, llega la montaña. Nuestra querida Granja, donde reconozco que soy inmensamente feliz. Donde siempre me debato entre las ganas de hacer muchas cosas, y el no hacer nada mas que sentarme a leer mirando la montaña. Aperitivos con los amigos, laberintos de toallas infantiles, largos en la piscina, siestas al sol. Tardes de charleta, noches de chaqueta en la farola viendo cómo nuestros hijos hacen lo mismo que hicimos nosotros en su día. Cenas al fresco buscando el cobijo de una manta. Disfrutar de los primeros momentos de vida de mi nuevo sobrino y ahijado, de su olor a bebé, de sus manitas suaves que te agarran con fuerza. De ver a mis padres felices y a mi hermano convertido en padre.

La Granja te permite excursiones con la abuela, mi madre, que se conoce cada rincón de esas montañas, cada pino, cada curva del río Eresma, pozas, chorros, y miradores. Paseos por lugares en los Jardines donde nadie se aventura, a nuestro sitio secreto, o a ver a papá hacer la travesía del Mar cada verano. Ir a por el pan y comerte las pulguitas que regala el panadero, perder el tiempo entre los libros de Icaro, y picar siempre siempre con un cuento para los niños. La Granja te permite todo esto y mil cosas más.

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Este año he sido afortunada, y mi verano no se acabó el 8 de agosto cuando me volví a sentar ante el ordenador de la oficina. Este año sigo aún viviendo el verano. Porque yo creo que ya no solo es cuestión de poder sino también de querer. Y aunque yo siempre he sido de otoño este año me he congraciado con el verano.

Sé que poco queda ya, que mañana vuelven los niños al cole, que volverán los atascos para salir y entrar a Madrid.Que volveremos a las carreras…a los deberes y a la rutina.

Este año, no he hecho propósitos formales de “vuelta al cole”, pero tengo un par de proyectos a corto plazo que me hacen mucha ilusión. Redistribuir y redecorar la casa para que todos estemos más cómodos, y una nueva escapada con el Santo. Y por supuesto, encontrar un huequito semanal para poder escribir y aparecer por aquí contándote mis novedades, pero eso…eso, lo dejo para otro post.

Un beso, y feliz vuelta.

 

El cumpleaños de La Heredera

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Este post debería llamarse Cómo salir del paso cuando tu hija te pide un cumpleaños de la Bella y la Bestia y tu no tienes tiempo de reacción y un presupuesto determinado.

El año pasado la pobre Heredera, por circunstancias de la vida se quedó sin cumpleaños, así que este año queríamos que fuera especial.

Con el nuevo de ritmo de vida que llevo trabajando jornada completa, la cosa estaba más complicada que en años anteriores así que cuando me dijo que quería un cumpleaños con esa temática directamente pensé en comprar platos y vasos temáticos y listo. Pero no es tan fácil como yo creía, o al menos que no te cuesten casi el 90% del presupuesto del cumpleaños.

 Como hace ya tiempo que dejé de obsesionarme por las idílicas imágenes de Pinterest (porque te recomiendo que busques cumpleaños de la Bella y la Bestia, y prepárate a alucinar, sino mira aquí), tiré por la calle de en medio y opté por inspirarme en la película y centrarme en la combinación de colores: amarillo y rosa.

En la típica tienda de artículos de fiesta, aprovechando una tarde que los niños estaban con mi suegra y no voy rozando el límite de velocidad por la A2 para por lo menos estar un par de horas con ellos, compré platos, vasos y servilletas en ambos tonos. Además compré unos pompones gigantes de papel rosa, en un principio con la idea de poner una guirnalda encima de la mesa, pero sobre la marcha se me ocurrió otra forma que quedó muy original.

Por orto lado le pregunté a la niña según ella qué era lo más importante de la película, y para mi sorpresa me dijo: la rosa, mamá, la rosa. Así que vi el cielo abierto. En nuestra floristería compramos rosas amarillas a un precio excelente (1€ el tallo).

Desafortunadamente no pude hacer muchas fotos de la mesa, pero si que saqué alguna para que te puedas hacer una idea.

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Como ves el pompón lo desplegué solo la mitad y en el hueco que quedaba en el centro coloqué un cuenco bajo con las rosas cortadas. Me encantó el contraste de los dos colores. Me parece muy primaveral y estético.

Para rematar la fiesta, invitamos a tres amiguitas. La primera vez que traía amigas a casa, y encima en su cumpleaños. Te puedes imaginar la ilusión que le hizo.

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Puede que mi hija no tuviera una mesa de merienda como las de Pinterest o como las que les montaba antes, pero al día siguiente me hizo el mejor regalo nada más levantarse: mamá, ayer fue el mejor día de mi vida.

Besos,

 

 

 

Cómo controlar tus accesorios

Antes de meternos en faena, aprovecho para daros las gracias por la gran acogida que han tenido los post de Cambio de Armario en 20 minutos y Cómo tener un armario minimailista. Aun estoy contestando mails, y por supuesto he tomado nota de todas las propuestas de tema que me habéis hecho para publicar en las próximas semanas.

Y continuando con el hilo organizativo del armario, hoy ataco un tema peliagudo: los accesorios. Y es que no sé tú, pero yo tengo un problema con ellos. ¡Me encantan! Y cuando voy a cualquier tienda, siempre termino mirando collares, zapatos, fulares, bolsos o zapatos. Y es una atracción peligrosa, porque muchas veces pico.

Así como con la ropa conseguí controlar el impulso comprador sometiéndolo a la pregunta de si combina o no con más de una cosa de las que tengo, con muchos de los accesorios, sobre todo collares, me ha costado mucho lograrlo, pero al final se puede.

El otro día una lectora habló del programa 333 y en mi contestación a su comentario le dije que para mi lo más complicado de asumir ese reto sería el tema de los accesorios, porque con un armario muy básico, me apoyaba muchísimo en ellos para dar un toque más o menos especial al look. No es lo mismo vestir con una camiseta negra, un pantalón negro y unos zapatos de salón que con unas bailarinas, o unas deportiva blancas. O añadir un collar más historiado, o llevar una gargantilla sencilla. Por poner algunos ejemplos.

Por eso pensé que sería un buen post hablar de cómo controlar los accesorios. Cómo tomar las riendas para evitar que te invadan como me llegaron a invadir a mi.

Empezaré por lo más complicado:

Los ZAPATOS. ¿Cuántos pares de zapatos podemos necesitar? Esta es una pregunta muy muy relativa, porque depende mucho de tu vida diaria, de tu trabajo, de tu salud… Si la pregunta me la hiciera a mí misma, y depurando mucho mucho, mucho, te diría que unas bailarinas negras, una botas de piel marrón y unas converse blancas. Pero entre tú y yo eso es muy muy complicado de aplicar. De hecho, después de una grandísima limpieza porque he llegado a ser una Imelda Marcos a pequeña escala, cuento con 8 pares de zapatos por temporada, y 4 pares de zapatillas deportivas fijas durante todo el año.Ya esta bien!

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Lo sé, no es lo que se dice un zapatero minimalista por excelencia, porque al final son 12 pares anuales. Pero me los pongo y mucho.

Los BOLSOS. Aquí voy a ser más estricta.De hecho he empezado por aquí mi operación armario minimalista de cara al verano. Tengo dos bolsos estrella que pienso usar hasta la saciedad y casi exclusivamente: un bolso tipo saco amarillo que suplirá a mi maxi bolso de invierno negro, y un clutch grande de Zubi. Ambos regalo del Santo que tiene muy buen gusto siempre.

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La clave es escoger un color que pegue con prácticamente todo (por ejemplo el amarillo). O que cuente con varios colores para combinar.

Los FULARES. Son un must en mi atuendo diario tanto en invierno como en verano, porque todo, todo, todo, lo cojo por la garganta. Pero reconozco que he ido acumulando muchos a lo largo de los años. Pero ¿me los pongo todos? No.

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Es verdad que ahora que el armario está lleno de prendas de colores lisos, puedo tirar de casi cualquiera, pero entre tú y yo, tengo épocas en las que de repente me pongo uno muchísimo, y luego no me lo vuelvo a poner en años. Otros cuyo estampado ahora no se lleva en absoluto¿Como escoger? Poniéndolos todos doblados encima de la cama y seleccionar los que más te has puesto durante los últimos tiempos. De esos, comprueba (como con la ropa que tienes la tentación de comprar) con qué looks puedes usarlos, si hay más de tres, se queda, si no, guárdalo. El resto, los que no te pones desde hace tiempo, dónalos para la tómbola del cole o regálalos.

La BISUTERÍA. Aquí hay que ejercer mano dura y no sentir piedad. Normalmente la bisutería es barata y la compramos por modas. Por lo que cuando haya pasado esa moda, no te la vas a volver a poner en la vida.

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Para tu hija guarda joyas, no baratijas que cambian de color, se pasan las gomas, etc…Cuando me tocó hacer la limpieza a mi, descubrí que durante todo el invierno, sólo me había puesto 4 collares de bisutería. Me probé uno a uno el resto que quedaba y o me veía rara, o me quedaba muy largo, o demasiado corto, o era muy incómodo,o pesaba…¡Fuera! Ahora puedo darme un par de caprichitos de temporada, sabiendo que me los pondré seguro.

CINTURONES, SOMBREROS, etc. Al final todo consiste en someterlos a un examen, en el que tenemos que tratar de ser lo más imparciales posibles. Ese cinturón que te compraste dos tallas más grande porque te enamoró y te dió igual tener que hacerle un agujerito con la punta de una tijeta para poder llevarlo fijo. O por el contrario, guardas un montón de los que te ponías cuando pesabas 10 Kg. menos y tenías un cuerpo adolescente. Sombreros que estuvieron de moda, pero que lo mismo no vuelven a estarlo en 10 años, o que te compraste en un ataque de locura llamativa transitoria, pero que no te pones nunca porque nunca es el momento, o vas al lugar adecuado.

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En fin, regala, regala y regala todo lo que consideres que es bueno, tiene valor sentimental para tí (en ese caso, cuéntaselo a la persona que se lo des). Y lo que no, dona, tira, vamos, que te deshagas de ello.

Te darás cuenta que no los echas de menos, y aprovecharás más y mejor lo que tienes. Por no hablar del espacio.

¿Tú también eres adict@ a los accesorios? ¿Te superan o los controlas?

Un beso,

 

Plantando

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Yo tengo cero feeling con las plantas. A las que no mato de sed, las ahogo a traición. El año pasado me juré a mi misma que nunca volvería a tener plantas en la terraza, pero como todos los años, llega esta época del año y caigo en la tentación.

La Heredera hace un par de semanas fue con el cole al Huerto de Carlos, y vino muy “puesta” en el tema del cultivo y cuidados de plantas. Durante días, nos ha estado dando clases magistrales a todos de cómo se planta, de la necesidad de sol, agua, aire…y por supuesto, insistiendo en que plantáramos algo.

Así que me acordé de cuando era pequeña y en el cole plantábamos garbanzos, o lentejas…, la ilusión que hacía empezar a ver los pequeños brotes verder abríendose paso hacia la superfice. ¿Cómo negarle esa experiencia a mis hijos?

Compramos tierra, aprovechamos los viejos tiestos de barro de mi abuela, que colecciono más por decorar que por otra cosa, y nos pusimos manos a la obra.

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Para identificar lo que habíamos plantado pinchamos un corcho a un palo de brocheta y pusimos el nombre.

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Ya veremos que pasa…

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Desde aquí pido ayuda y consejo. Nuestra pequeña terraza está orientada hacia el sudeste, en verano le da el sol desde primera hora de la mañana hasta el medio día aproximadamente, pero se concentra bastante el calor. No tenemos grifo para poner riego automático. ¿¿Que puedo plantar para darle un poco de color?? Una vez intenté con geranios pero se pusieron pochos por no sé que bicho y no he vuelto a repetir.

Venga!!! ¿Alguien en la sala que tenga mano con las plantas y que pueda decirme qué plantar y truquis para que no se me mueran a la mínima de cambio?

Espero vuestros consejos…

Un beso fuerte,

¿Cómo tener un armario minimalista?

lmal5-armario-minimalista-portadaSegún Wikipedia el término minimalista se refiere a cualquier cosa que haya sido reducida a lo esencial, despojada de elementos sobrantes.

Si estás leyendo esta entrada, de algún modo, es porque buscas organizar tu vida, simplificarla para que fluya con tranquilidad, y personalmente yo empiezo bien o mal el día según me enfrente a mi armario por la mañana.

Durante una época me preparaba la ropa del día siguiente por la noche. Lo pensaba todo, pero estaba muy cansada, y había días, que cuando me levantaba y me plantaba ante el conjunto de turno, aquello era lo que menos me apetecía ponerme en el mundo. Y dejé de hacerlo.

Pero entonces caí en el polo opuesto. El de que con las prisas tienes la razón nublada, y no siempre encuentras la mezcla perfecta a la primera. Así que empecé a pensar en la fórmula que más me convenía, porque estaba claro, que ninguna de las otras dos lo eran.

Me di cuenta que el problema era que tenía demasiadas prendas que no combinaban mas que con una cosa específica, lo que me limitaba bastante y sobre todo ocupaba espacio, que visualmente me saturaba la vista, especialmente a las 6:30 de la mañana.

Andrea Amoretti tiene una pista de estilo que me encanta y que desde que la conocí llevo a la práctica casi como un mantra: En el armario, lo que no se ve, no se usa.

Así que el primer paso, fue deshacerme de todo aquello que me sobraba. El método de Marie Kondo, me dio el empujón definitivo, y como te decía en el post Cambio de armario en 20 minutos, fue la primera fase de mi armario minimalista.

Y es que minimalismo no significa tener menos, sino tener más espacio para aquellas cosas que sí que importan. Y no tienen por qué ser cosas materiales, como por ejemplo comprar otro par de vaqueros, sino que pueden ser también, como en mi caso, tiempo, calidad de vida, más energía, etc.

Al reducir considerablemente el número de prendas de mi armario, y teniendo siempre presente la frase de lo que no se ve, no existe, convertí mi armario en lo que algunos denominan ahora: armario cápsula.

Un armario cápsula es aquel constituido por pocas prendas y sobre todo básicas, de modo que puedan combinarse la mayoría unas con otras. Mi armario es un armario donde predominan el blanco, el negro, el gris y el azul marino, pero donde también encontrarás, camisetas de colores, chaquetas especiales, faldas de temporada. Prendas que llegan a mi armario siempre y cuando puedan combinar con al menos otras tres prendas que ya tengo.

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A la hora de enfrentarme al armario, las combinaciones son múltiples, y nada complicadas. Y dependiendo de mi humor, serán más básicas o con un toque más original. Además la mayoría puedo ponérmelas en invierno añadiendo un jersey y unos calcetines, o en verano, con sandalias y un foular para combatir los estragos del aire acondicionado en verano. Esto provoca un Cambio de armario en 20 minutos.

Para rizar el rizo de simplificar el momento vestirse cada mañana, y ayudándome de mi tablero My Style en Pinterest en la cara interna de la puerta del armario he pegado fotografías con combinaciones de prendas que tengo de modo que tengo 21 combinaciones (1 look para cada día durante 3 semanas). Sobre cada combinación he ido poniendo lunes, martes, miércoles, etc… de modo que sólo tengo que mirar el día en que estamos y seleccionar las prendas que lo forman. Si ese día llueve le añado unas botas altas, o unos zapatos tipo oxford, y por encima la gabardina.

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Sólo puedo decirte que el éxito en mi vida ha sido rotundo, y no puedo menos que recomendárselo a todo el mundo. ¿Te apuntas al reto #armariobasicolmal5 ? ¿Tienes algún otro truco para ahorrarte el momento “no sé que ponerme“?

Besos,

 

 

 

 

Dale caña

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Aquí me encuentro, una tarde de sábado, con La Heredera durmiendo plácidamente una de esas siestas de las que eres consciente de que se levantará de muy mala leche y además luego no habrá quien la acueste, pero que te permiten tener un rato para ti, porque el sector masculino de casa se ha ido a jugar al fútbol.

Así que aprovecho para “reactivar” un poquito el blog, que últimamente lo volvía a tener un poco parado, pero no por falta de ganas, sino de tiempo.

No sé si os pasa a vosotros, al menos los que tenéis hijos, pero parece que los “eventos” escolares en los que es necesaria tu participación, ya sea presencial o lo que es ya casi peor, aportando largas listas de cosas como: flores para la Virgen, rollos de papel higiénico, platos de cartón blanco, pan de perritos, camisetas muy largas blancas, rotuladores de tela en un color específico, o tapones que no sean de los dentados… se acumulan en las últimas semanas de colegio.

De verdad, en mi agenda hay más cosas apuntadas de los niños, que en cualquier otra fecha del año.

Y ¡ay de ti como se te olvide algo! Gracias al cielo, siempre hay una madre o padre solidario que lleva material de más y que hace que tu hijo no sea el garbanzo negro de la clase, que en vez de un cordón de algodón blanco trenzado para la túnica de griego, su madre ha metido una cinta elástica blanca finita que encontró en el costurero la noche anterior, porque estaba segura de que se apañaba y listo.

Pues en esas ando. Y eso que me consideran organizada. Pero soy humana, y mi día sigue teniendo 24 horas como todo hijo de vecino.

Pero a mí como me va la marcha, cuando más estrés tengo, más me mola complicarme la existencia. Es como a los que les engancha el running, footing o como quieras llamarle a correr. Que dicen que cuanto más lo practicas, más lo necesitas… pues yo cuando bajo el ritmo…malo.

Así que he sacado un cuaderno nuevo. Si, otro, pero es que es una adicción el comprar material de papelería, y los cuadernos son una auténtica debilidad. ¿Porque dónde si no iba a escribir mis listas? Y a comenzar de nuevo.

No te voy a preguntar qué es lo que te gusta de La Merienda a las 5. No, porque las estadísticas me lo dicen claramente. Por eso, en la parte de arriba del blog, justo debajo del precioso logo que dibujó Nader Sharaf , y diseñó mi queridisísima amiga Ana, verás los temas que más os gustan y las entradas correspondientes.

Así que “dale caña, Esther“. Pero por supuesto, acepto sugerencias, peticiones y demás consejos que enriquezcan este sitio.

Un beso fuerte,

 

 

La buena educación

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Hace unas semanas tuve una conversación con un amigo sobre los hijos, en la que concluimos que lo más importante era dejarles en herencia educación y valores.

Aquella frase, con la que estoy completamente de acuerdo, lleva rondándome días por la cabeza.

El otro día, celebrando el cumpleaños del Mayor, de repente me di cuenta de lo rápido que estaban creciendo. Con ocho años ya, empieza a tener más marcado su carácter, su personalidad y educarle cada vez me resulta más complicado.

No es que se esté rebelando, ni mucho menos, sino que probablemente esté revelado su personalidad. Antes, no se planteaba duda alguna ante nuestras respuestas, o cuando le decíamos que no debía hacer algo en concreto. Ahora, además de indicarle lo que está bien o mal, también tengo que explicarle por qué, y qué pasaría si siguiera haciendo algo mal, qué repercusiones podrían tener, no sólo para él, sino sobre todo, para los que le rodean.

Me vienen a la mente muchos momentos de mi infancia y adolescencia. Comer con un libros debajo de los brazos evitando que se cayeran, mis padres enseñándome a usar el cuchillo como único modo de empujar la comida al tenedor, etc…

Entiendo ahora que mi gusto por las cosas protocolarias tiene sus raíces en esas constantes enseñanzas diarias de mis padres. Cómo coger una taza, o el lenguaje de los cubiertos fueron cosas que aprendí de muy pequeña. Por los recuerdos, creo que debía tener la edad de mis hijos mayores.

Una cosa que me ha sorprendido mucho, es que a mis hijos nadie les ha explicado que existe el pronombre personal “usted”. Que a los adultos, si no se les conoce, siempre hay que hablarles de usted. ¡Pues no sabes lo que me está costando que lo entiendan, y más aún que lo apliquen!

Me hace gracia porque en el cole a los profesores les llaman Don Javier, Don Carlos, etc. pero luego les tutean. ¿Qué sentido tiene? Imagino que esto terminarán aprendiéndolo, como todo. Pero me parece una pena que se pierdan ciertas costumbres, y ¿por qué no aprenderlas desde pequeñitos?

Volviendo a la importancia de dejar en herencia educación y valores, y sopesando la difícil posibilidad, por ahora, de facilitarles a mis hijos experiencias como viajar por el mundo, conocer otras culturas, etc… he decidido comenzar por enseñarles buenos modales a través de experiencias especiales.

Reconozco con orgullo que tengo unos niños muy buenos. Tranquilos, y obedientes, lo que me permite llevar mi hazaña con cierta relajación y sabiendo que tampoco arriesgo demasiado.

Así que por ejemplo me llevé a los niños a merendar a Embassy con motivo del séptimo cumpleaños del Mediano.

Quería que vivieran la experiencia de merendar en un sitio especial. Por supuesto, cuando entramos por la puerta noté las miraditas de la gente que había allí tomando el té, el noventa por ciento con una media de ochenta años, y más litros de laca por metro cuadrado que en el mejor centro de peluquería del barrio, al ver llegar a tres niños despeinados, con las rodillas mugrientas después del cole y las manos más negras que puedas imaginarte. Sin embargo logramos llevarnos las felicitaciones y sonrisas de varias señoras al irse.

De este modo aproveché para explicarles cosas tan elementales como que la cucharilla no tiene que rozar la taza (haciendo ruido)  cuando remueves la bebida del interior. Cómo se prepara un té, o como has de dejar los cubiertos al terminar tu plato.

Creo que el ambiente ayudó a que comprendieran aún mejor la importancia de esos detalles, mientras se tomaban, para mí, la mejor tarta de limón del mundo. Y que no hubiera calado igual si se lo explico en el salón de casa.

Sé que tuve una infancia poco convencional y que mi hermano y yo fuimos muy afortunados teniendo unos padres como los nuestros, y unos abuelos paternos que no escatimaron gastos con nosotros (nietos únicos) enseñándonos a comer marisco en El Pescador desde muy pequeños, o a tomar el té en el Ritz.

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Leído así, puede que suene cursi y pretencioso, pero hoy, treinta años después, recuerdo esos momentos con el corazón, y sé que además de experiencias, me aportaron cosas muy importantes para mi educación. Y eso exactamente es lo que quiero que tengan mis hijos.

No quiero niños petulantes y resabiondos, sino niños que además de buenas personas, se desenvuelvan con soltura en cualquier ambiente.

El trabajo con ellos no ha hecho más que empezar, y soy consciente de que no será fácil, pero creo que nos lo vamos a pasar muy bien. Tengo ya una lista que empieza a ser larga.

¿Y tu? ¿Me recomiendas algún momento-experiencia de este tipo?

Un beso,