Paseo por el parque

Ayer decidimos ir al Retiro. Hacía un montón de tiempo que no íbamos y aunque el cielo estaba gris gris, nos liamos la manta a la cabeza y al parque.

El carrito de I. era el símil de los coches de los marroquíes que van hacia Algeciras por la carretera de Andalucía. Cargado hasta arriba con la bolsa de los juguetes de la arena, bolsa – bolso llena de miles de cosas que crees indispensables pero llevan ahí dentro tres semanas y la bolsa con provisiones supersanas (patatas, fantasmitos, cocacola y agua), además de paraguas, manta…

Los niños estaban encantados, imaginándose que estaban en un bosque. Lo de los patos no parece haberles hecho especial ilusión, pero han tenido un momento inolvidable jugando con una ardilla descarada que no tenía miedo a nada.
El parque estaba precioso, todo en flor (menos mal que existen los antistamínicos). No había demasiada gente por los lugares que hemos ido y antes de irnos a comer, J.,  como ya es tradición, me ha regalado una margarita de recuerdo.
Cuando haces este tipo de planes, te planteas ¿por qué no vendremos más? . Pero quizá es por eso mismo, porque es algo novedoso en nuestra rutina. De todos modos, dentro de unas semanas inaugurarán la Feria del Libro y volveremos seguro.
Besos