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Cuando un niño está malito y una madre es valiente.

Desafortunadamente el viernes por la mañana tuvimos mañana de hospital. Esta vez no era ninguno de mis hijos, sino mi sobrino mayor. Para mi era la primera vez que iba al Niño Jesús, y me sorprendió muchísimo lo bonita que era la sala de espera de urgencias, con asientos de colores, las columnas pintadas a mano como si fueran plantas trepadoras, hasta las papeleras estaban camufladas. Todo para hacer más ameno el dolor del niño, la preocupación de los padres y la espera.

El caso es que era la primera vez que iba a unas urgencias de niños, sin mis niños, y de repente me di cuenta de muchas cosas. La principal, que la mayor parte del tiempo nos creemos el ombligo del mundo.

Cuando voy con mi hij@, que obviamente está malit@, no veo más allá de mis narices. Mi única preocupación es que le atiendan rápido y bien, jamás o muy pocas veces me he fijado en quien tengo a mi alrededor. Sólo tengo ojos para él, palabras para él, sentimientos para él…instinto de protección al cien por cien.

El viernes, hubo un rato que me quedé sola porque no podían pasar mas que la madre y el niño (y la abuela). La sala estaba casi en silencio, salvo el quejido de Jorge, un niño de tres años, acompañado por sus padres. El pobre no paraba de decir en bajito y llorando que le dolía muchísimo una pierna, pero a la vez, que no quería estar allí, y trataba de levantarse para irse, pero claro, a penas podía dar unos pasos sin quejarse aún más. La madre tampoco paraba de llorar, y el padre tratando de consolar a ambos. No sé qué habría detrás de esa familia, y no me atreví a preguntar, pero en ese momento se me encogió el corazón, porque veía el dolor, en un lugar donde seguro que había siempre, con distintos personajes e historias, pero nunca me había fijado. ¿Hasta que punto el amor de madre te ciega?

Mi cuñada M. es una valiente, porque a sus espaldas lleva mucha carga y ella sola. A pesar de que han dejado ingresado a mi sobri, no ha perdido los nervios en ningún momento. Me acuerdo cuando ingresaron a N con 9 meses, porque estaba agotado de no poder respirar por culpa de las bronquitis y sus pulmones no podían más y habían dejado de funcionar. En ese momento se me vino el mundo encima, no monté drama, pero lloré, luché por no ponerme en lo peor, pero luché bastante contra mi misma por no hacerlo. Así que me parece una pedazo de madre además de persona. Un ejemplo a seguir, y un recordatorio para cuando me ahogo en un vaso de agua, o cuando me convierto en dramamamá.

No sé si la próxima vez que vaya a urgencias volveré a verlo con los ojos de hoy, seguramente no, porque soy humana y soy madre, y desde luego ni la mitad de fuerte que mi cuñada. Sólo espero acordarme de este día, y al menos intentarlo.

Besos

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