cabezudos, fiestas, La Granja

Gigantes y cabezudos.

Les he preguntado a mis hijos qué es lo que más les ha gustado de la última semana en La Granja, y los dos a la vez han dicho que  “Los Cabezudos”. Es curioso, que después de haber disfrutado de competiciones, juegos varios, fiestas de disfraces, verbenas y demás, lo que más les haya gustado ha sido pasar un poquito de miedo.

Para empezar, madrugar. A las 10 en punto de la mañana, nuestros gigantes salen de la plaza del ayuntamiento y comienzan los distintos recorridos por el pueblo, cada día una zona.

Durante el recorrido, nos acompaña la típica charanga de dulzainas, que hace incluso que te arranques a bailar una jota segoviana aunque no tengas ni la menor idea de cómo hacerlo.
Cargar con estos bicharracos, y encima bailando y dando vueltas sin parar me imagino que exige cierta condición física. Porque el tamaño es importante. A mi de pequeña, me parecían inmensos, y confieso que me daban bastante miedo.
Pero lo que más miedo me daba, y a mis hijos también son los “cabezudos” que acompañan a los gigantes.
Inmensas cabezas de cartón piedra representando muy distintos personajes.
Armados con una botella de plástico, vacía, atada a la muñeca mediante una cuerda, corren alrededor de los gigantes, y detrás de los niños, para darles. Una de las cosas que me ha gustado, es que ya no dan con tanta saña como hace 20 años, sino bastante flojito. He aquí mi vena “Madre gallina”.
La mayoría de los cabezudos, son niños y niñas que se ofrecen para llevar la pesada cabeza, tan pesada que la mayoría llevan unas hombreras bastante duras para soportar el peso.
Hay otros niños, que se fabrican sus propios cabezudos en casa. Apunto la idea para el año que viene.

La tradición al parecer viene de la Edad Media, desde la corona de Aragón y se extendió por toda España durante la Reconquista. Sin embargo hay gigantes y cabezudos, en muchos otros países, incluso en África.
Cientos de años después, y generación tras generación seguimos disfrutando cada año de esta tradición. Mis hijos no ponen ninguna pega para madrugar, desayunar, lavarse y vestirse a toda velocidad esos días. Armados con sus botellitas caseras, salen chulos y contándose el uno al otro lo que van a correr y lo que le van a decir al cabezudo de turno, aunque la fuerza se les escapa por la boca, porque cuando por fin les tienen frente a frente, buscan el escudo de papá y mamá.
El año que viene, ¡más!
Besos

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