Dejar volar

Desde que tengo hijos ya sabes que soy muy mamá gallina. Y aunque luego conoces y es fácil encontrar, no lo creas, casos más agudos que el tuyo propio, tengo desde hace tiempo una lucha interna, entre dar o no dar más cuerda a mis hijos. Entre dejarles volar más o mantenerles bajo mi ala en nuestra jaula.
Hace poco más de un mes, Nuria Pérez dio una charla [que puedes escuchar completa en aquí en su blog Sparks  & Rockets] que muchos de nosotros compartimos a través de las RRSS.  

Cuando llegue el Tsunami, fue en sí mismo un pequeño cataclismo que estoy segura ha revolucionado muchos de los hogares de los que tuvieron la suerte de oírlo en primicia aquel sábado, pero también de los que tuvimos la enorme fortuna de hacerlo después, y conversar con ella tranquilamente sobre el tema en casa de Silvia.
¿Qué ganan nuestros hijos viviendo tan superprotegidos por nosotros? ¿Lo hacemos por ellos, o lo hacemos por nosotros mismos?
En aquel discurso, Nuria nos presentó el caso de tres niños ingleses que vivieron el famoso tsunami que desoló hace unos años el sudeste asiático. Y cómo la forma en que habían sido educados por sus padres les ayudó no sólo a salvarse sino a sobrevivir después.
Mantener a mis hijos bajos mis alas protectoras es una constante en mi vida, pero aquel día me plantee hasta qué punto mis hijos podrían no ya sobrevivir a una catástrofe natural, sino a un hecho tan sencillo como perderse en unos grandes almacenes.
Llevándoles a los tres de la mano, obsesionada porque dos de ellos no se suelten entre ellos, o regañarles si uno se queda rezagado porque tiene que atarse los zapatos, o simplemente se ha distraído con algo que le gusta, no es la forma correcta ni de proteger, ni de educar.
Nuria Pérez. Foto de Gelatina de Plata
En el brunch de Silvia,  Nuria, volvió a tratar el tema de la importancia de permitir a nuestros hijos que vivan su infancia, a tratar de soltarles un poco, dejarles experimentar aquellas cosas que nosotros sí hicimos a su edad y no nos hicieron mal alguno. Cosas sencillas: dejarles que se suban a los árboles y a prendan a caerse, o que vayan a comprar el pan solos, que si tienen un capricho busquen la forma de costeárselo haciendo y vendiendo pulseras, por ejemplo.
Para comenzar con todo esto hay que cumplir tres requisitos fundamentales, hacer las cosas adecuadas para cada edad, que el niñ@ sepa un teléfono móvil del padre o de la madre y que sepa su dirección.
Desde el día siguiente en casa empezamos con la batalla del teléfono, porque la dirección se la saben. Por otro lado, nos sentamos con los dos mayores y les preguntamos qué cosas creían ellos que estaban capacitados para hacer pero que papá y mamá no les dejábamos. Nos sorprendieron con ir a por el pan solos, o a comprar leche si no queda, e incluso en ir al cole sólos porque se saben muchos caminos.
Y así empezó nuestro efecto tsunami. A los cuatro días los niños fueron solos a comprar el pan (van juntos y de la mano), e incluso les hemos dejado que unos metros por delante nuestro (los suficientes como para que se sientan independientes) nos demuestren que son capaces de ir a coger el autobús, e incluso llegar al colegio caminando.
Al verles desde la distancia me di cuenta, de que yo a su edad hacía muchas de esas cosas, pero lo más importante, nos dimos cuenta de lo conscientes que son de los peligros y de lo prudentes que son.
La tarea de educar no es fácil, pero esta era una vía para hacerlo que mi miedo a que les pasara algo se me hacía prácticamente imposible.
Importante. No consiste en soltarles y ale, ¡a ver qué pasa!. Primero has de haberle enseñado a cruzar calles, a no irse con desconocidos, a la importancia de no distraerse por el camino. Y hasta el niño más despistado, como mi hijo mayor, puede demostrarte que si le dejas, no lo es tanto. Y eso es una sorpresa y una grata recompensa. Porque hoy puede que sea poquita cosa ese paso, pero a la larga, les habremos dado la autoconfianza y herramientas necesarias para enfrentarse a otro tipo de situaciones.
 
De todas estas charlas salió la idea del #retrosummer2015. Dejemos que nuestros hijos repitan este verano aquellas cosas que nosotros hicimos de niños y que hicieron que nuestras vacaciones fueran tan maravillosas e inolvidables.
De mis veranos de la infancia recuerdo momentos que tienen un denominador común: la libertad. Montar en bicicleta con mis amigas, salir a la calle sin un mayor que nos vigilara, incluso ir al pueblo a comprar guarrerías varias para nuestras fiestas. Jugar a detectives, meternos en la casas abandonadas…
Es verdad que en aquella época había menos coches, pero no menos gente malvada. Simplemente ahora tenemos la información sobre ello más a mano y por tanto la obligación de transmitir a nuestros hijos que el peligro existe, si, y como tratar de evitarlo.
Para acabar esta extensa reflexión me gustaría dejarte un ejemplo de una madre que asistió al brunch y que resume perfectamente a dónde quería llegar.
Esta madre comentó que ella siempre había sobreprotegido a su hijo único, y que cuando llegó el momento de escolarizarlo obligatoriamente raro era el día que no le llamaban desde enfermería del colegio porque se había hecho una brecha o un chichón, simplemente porque su hijo, se había tenido que enfrentar a la situación de “estar sólo”, sin una madre que le evitara tropezones, le impidiera subirse a una escalera y saltar peldaños.
¿Y a ti, qué te parece? ¿Deberíamos soltar cuerda y dejarles volar para que disfruten también de lo bueno de la vida?

Un beso, 

19 thoughts on “Dejar volar

  1. Si! La propia Nuria nos descubrió su historia y su blog, que sigo fielmente casi a diario. Menudas historias!!! Hay veces que te das cuenta de que nuestra paranoia por la seguridad raya lo absurdo.
    Un abrazo fuerte!

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  2. Si! La propia Nuria nos descubrió su historia y su blog, que sigo fielmente casi a diario. Menudas historias!!! Hay veces que te das cuenta de que nuestra paranoia por la seguridad raya lo absurdo.
    Un abrazo fuerte!

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  3. Efectivamente como decía arriba es cuestión de buscar el equilibrio y evitar el sobreproteccionismo. En Alemania es verdad que les dan mucha más libertad y quizá por ello no sean tan remilgados a la hora de salir del nido como en España, donde hay un montón de treintañeros viviendo con papá y mamá porque es más fácil que adquirir responsabilidades.
    tu

    Tu tranquila y a tu ritmo. Y por supuesto siempre guiándote por lo que dicte tu conciencia. Pero ya se sabe, educar no es un camino de rosas.

    Feliz día

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  4. Hola! Maldad ha habido siempre lo que pasa que no trascendía tan fácilmente como lo hace ahora donde te enteras de cualquier cosa que ocurre en el punto más remoto del planeta.
    Dicen además, que hoy en día estamos muy controlados y vigilados (para lo bueno y lo malo).
    Con esto no quiero decir que tengamos que “lanzar” a los niños a la vida, sino darles un poquito de cuerda porque de tan atados que los tenemos les estamos haciendo un flaco favor ya que no siempre estaremos a su lado para protegerles o evitables una caída.
    Es cuestión de lograr el equilibrio. Un besazo (me apunto a esa limonada)

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  5. Hola!
    Mi hija tiene solo seis meses, pero hace tiempo que pienso en cómo se sobreprotege a los niños… He leído mucho del blog de Lenore Skenazy, una mujer en Estados Unidos que se hizo famosa cuando dejó a su hijo de 8 años volver solo en el metro de Nueva York. La página es freerangekids.com
    Saludos desde Uruguay!

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  6. Hola Esther, me alegro que estés con fuerzas y ánimos para escribir, eso es una muy buena señal!
    Estoy como tú, desde que ví el video de Núria Pérez (gracias a tí), me pregunto continuamente si no tengo que dejar de sobreproteger a mis hijos…cuesta mucho. Desde hace ya un tiempo, les intento dar más cuerda, cierto es que cada niño es diferente, como madres creemos que conocemos muy bien los límites de cada uno, pero me he dado cuenta que la realidad difiere de los que nosotros podamos pensar de hasta dónde les podemos dejar volar solos. Pienso que hay que enseñarles y después tratar de darles un empujón, (ya sé que cuesta un montón, a mí la primera), animarles a que hagan por si solos ciertas cosas, es increíble lo orgullosos que se sienten de haberlo hecho. Si te ven convencida de que pueden hacer algo ellos mismos parece que se crezcan y tengas más ganas de hacerlas solos. No me quiero alargar, pero también añadiré que en según que casos es un arma de doble filo…no quieren que les demos más cuerda porque saben que eso conlleva asumir más responsabilidades y claro está no siempre les interesa!
    Sigue cuidándote, un beso muy fuerte.

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  7. Hola, Esther. Un post muy interesante, y sobre un tema que da mucho que pensar. Es cierto que debemos proteger a nuestros hijos en su justa medida, y que tarde o temprano, tendrán que volar solos. Tratamos de educarlos para que, cuando llegue ese momento, sean capaces de ser autosuficientes. Pero, tengo que reconocer, que cuesta.
    Por ejemplo, en Alemania, es muy normal que los niños de primero de primaria, ya vayan solos desde sus casas al colegio; sin embargo, para mí eso es impensable. Vivo en un lugar aparentemente tranquilo y seguro; pero, como yo digo, nunca sabes con seguridad como son los vecinos que tienes en tu calle, porque el trato es muy formal. A mí me sorprende que dejen a sus hijos tan pequeños ir solos (yo sigo llevando y recogiendo a mis hijas, y ya tienen 11 y 10 años), porque pienso en esos posibles peligros: alguien podría meterlos en un coche y nadie se enteraría, aquí las calles están muchas veces desiertas. Sé que pueden ir solas, el problema para mí es otro: los peligros que hay fuera. Por supuesto, antes existían también; pero una tiene la sensación de que eran menores, porque además, la mayoría íbamos, por ejemplo, caminando y solos al colegio. Hoy es mucho más raro.
    Poco a poco, he empezado, por ejemplo, a dejarlas jugar solas un rato en nuestra calle, o pasear a nuestro perrito Max, dando la vuelta a la manzana, sin nosotros. Pero, todavía hay otras cosas que prefiero que hagan en compañía.
    Por supuesto, tarde o temprano, tendré que ir soltando cuerda; pero, por ahora creo, que todo debe hacerse en su justo momento; ni adelantarse mucho, ni retrasarlo demasiado. Y aquí es dónde está lo difícil de la cuestión, al menos, para mí.
    Buen día, hasta pronto.

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  8. Querida Esther, aunque te leí esta mañana no he podido contestar hasta ahora. He hecho un parón y aprovecho.
    Llevas razón, pero por una vez en el tiempo que te sigo, no comparto algunas cosas contigo. Quizás esté equivocada, pero tal como están las cosas hoy en día como que me muestro un poco esquiva a dejar a mis hijos que vayan solos a comprar o al cole. Soy protectora, lo sé, pero la vida (aunque ya estaba mal en nuestro tiempo) está peor. No había tanta maldad, no se sabía tanto. Mi hermana es mas pequeña que yo y siempre la he sobreprotegido mucho, imagino que con mis hijos lo seré mas. Tendría que dar mas rienda suelta, lo sé, lo que Dios no quiera que pase no pasará pero me cuesta tantooooo.
    Espero algún día poder decirte que he llevado esto a rajatabla y que no sobreprotejo tanto a mi hijo. Un besote y por supuesto me ha encantado esta entrada.
    Este saloncito tiene que estar siempre vivo, no dejemos que decaiga; al fin y al cabo somos una pequeña familia. ¿A alguien le apetece una limonada?

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  9. EVA.
    Yo creo que a mí me está costando más que a ellos. Me dá pánico pero poco a poco voy cediendo… y solucionan solos mejor. Bss.
    Me alegro que vayas mejor. Animo.

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  10. Me ha encantado tu entrada Esther. Enma es aún pequeña pero ya quiere soltarse de mi mano y caminar delante de nosotros. Sabe distinguir los vados y se para al llegar a los pasos de cebra. Sé que 4 años son pocos pero pienso que entre su edad y su alergia, además del hecho de ser hija única, ha propiciado que la sobreprotejamos. Qué difícil es encontrar ese punto medio que nos prepare para el tsunami sin dejar de ser prudentes…

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  11. Me ha encantado este post, precisamente ayer reflexionaba conmigo misma si no estaría sobreprotegiendo al mayor (tiene 12 años y el año que viene tendrá q venir solo a casa del colé y le da miedo).Yo a su edad en el pueblo entraba y salía sin problemas y como tu dice “malos” había y habrá. Así que asumo tu reto y voy a dejarlos volar un poco, porque lo mejor de “caerse” es levantarse. Te espero el jueves.

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  12. Me encanta Nuria, me encanta tu entrada y estoy de acuerdo en todo, a los hijos hay que darles buenas raices y alas para volar!!!!!!!!! siempre he comentado que yo a la edad de mis hijas iba a por el pan y hacia mas cosas solas que ellas, y gente mala ha habido siempre!!!!!!!!!! ahora simplemente estamos mas informados y somos mas sobre protectores! pero ellos necesitan vivir su vida!!!!!!!!!!! Que alegria tenerte de vuelta y esta entrada es genial! Muchos besos!

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