cadera, reflexiones

Volver a caminar

La semana pasada volví a caminar. Sí, ya sé. Nunca he dejado de hacerlo. De hecho por aquí me he quejado de la cantidad de kilómetros que estaba obligada a hacer para recuperarme. Pero aquello no era caminar. Andaba. Mucho. Apoyada en las muletas o más tarde en mi precioso bastón floreado. Pero cuando mi mano no sentía el tacto de la empuñadura de uno u otro me balanceaba de un lado a otro, como un pingüino, que dice mi hijo mayor. 
Confieso que he pasado mucho miedo. Luego pasé a la resignación. ¿Y si no volvía a andar sin cojear en mi vida? ¿Y si la operación, la posterior luxación, habían dañado tanto mis músculos como para no permitirme volver a caminar como lo hacía hace un año?
Como digo, tuve miedo al principio, y luego me resigné. Al menos era capaz de desplazarme. Y si tenía que ir con bastón el resto de mi vida me los compraría de todos los modelos habidos y por haber para ir conjuntada. Incluso me resigné (y sigo resignada) a volver a subirme a unos tacones. 
Pero la semana pasada comencé la rehabilitación, y al segundo día el avance era notable. Tan notable que la gente que me veía me decía que me notaba más guapa. No, no es que estuviera más guapa, es que estaba feliz. Feliz de sentirme yo otra vez. Feliz de ver que era capaz. Feliz. 
Estoy como niño con juguete nuevo. Les enseño a mis hijos como soy capaz de caminar sin parecer un pingüino. Cuando voy por la calle sola me fijo en todos los escaparates de reojo, en las marquesinas de los autobuses, en los ventanales de los bancos. Habrá quien me vea y piense que qué vanidosa, pero me da igual. Lo que no saben es cómo me encanta verme de nuevo. Reconocer a la Esther que hace ya más de un año había desaparecido. 
Es verdad que todavía no soy capaz de andar bien si no lo pienso. Si no tenso los músculos como me enseñan cada día en la clínica ante un espejo. Pero dicen que terminaré haciéndolo sin pensar, como andas tú, como andaba yo antes de todo esto.
He recuperado la seguridad. He recuperado una gran parte de mí. Aunque parezca mentira, aunque mi sonrisa o mi alegría parezca que nunca me han abandonado. Poco a poco empiezo a ganar batallas. Y esta era una muy importante. Sin bastón, sin muleta, sin apoyarme, sin bambolearme.
Tan solo han pasado cuatro meses, pero me parece una vida entera. Y es que cuando no te reconoces todo pasa más lento, parece que nunca llega el día o peor aún que no va a llegar el momento en que todo vuelva a ser como antes.
Mi hija día tras día me preguntaba que cuándo iba a ir sin muletas, sin bastón. Día tras día, por la mañana, al recogerla en el cole, por la noche al acostarla. Ahora me pregunta que cuando voy a poder correr como ella. Yo me conformo con dar el siguiente paso y poder ponerme los calcetines o las medias yo sola. Ese será el próximo escalón, pero ahora que he vuelto a caminar, sé que volveré a vestirme sola.
Ahora toca seguir trabajando. No hay descanso. Seguir haciendo ejercicio con pesas en los tobillos cada mañana delante de un espejo, aprovechando a leer mientras me dan mi tratamiento de TENS, los estiramientos y practicando cada paso que doy durante el día. Me quedan aún muchos días así por delante, pero yo ya me reconozco, y para mi esa es la gran victoria.
Gracias por acompañarme en este camino.
Besos

25 comentarios en “Volver a caminar”

  1. Hola Esther te encontré de casualidad me encanta lo que escribes me gusta mucho me siento cerca de ti y me encanta ver que hay personas que dedican tanto esfuerzo en que las cosas estén no solo bien ordenadas sino tan bonitas y que hagas del arte de recibir un placer. Me inspire en un post tuyo para hacer la merienda de navidad con la madrina de mi hija pero no me dio tiempo de sacar alguna foto para enviartela. Muchas gracias por tu sinceridad y tu precioso blog! Enhorabuena por caminar! Que no puedes conseguir con ese empeño que le pones a todo! Un beso

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  2. Enhorabuena Esther!!!!
    Me alegro mucho de tu recuperación aunque con la fuerza que transmites no esperaba menos. Animo y a seguir luchando. Eres un encanto. Un besazo

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  3. Querida prima, cómo me alegro. Por aquí tengo a tu compañero de operación de cadera, aunque él sin luxación. Tb he visto cómo ha ido mejorando con la rehabilitación y los ejercicios esos tan duros que os ponen. Tesón, tesón, paciencia, paciencia, ejercicio, ejercicio (qué te voy a contar que tú no sepas)
    Sois gente muy fuerte los dos.
    Todo mi cariño y admiración
    Un beso preciosa

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  4. Hola, querida. Aprender a andar, usar muletas, moverse como un pingüino, ….Todo eso lo pasé después de una operación de cadera. Llegó un día que mi marido me dijo : Ya no cojeas!!! Se me llenaron los ojos de lagrimas y a partir de ahí me fui olvidando de los malos ratos pasados. Hace ya siete años… Estás en el camino de conseguirlo. Un fuerte abrazo Luisa

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  5. Hola Edther!!! Ciertamente conozco la sensación… Pasé por esa etapa por lo menos media docena de veces en mi vida, y es como el ave fénix!!! Parece que renacemos… Sigue así y todo ira bien… Un abrazo cariñoso!!!

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