Vuelta al cole

vuelta-al-coleYa llevamos casi una semana de cole, pero entre presentaciones, aclimatación, y la jornada solo de mañana, no siento aún que hayamos vuelto aún a mi tan ansiada rutina. Aunque parándome a pensar, más que rutina,  a mi ansiado orden.

Confieso que la casa está manga por hombro, y aunque durante las semanas que estuve sola en Madrid aproveché las tardes para darle un repaso importante  a la casa, la llegada de los niños ha sido como si los hunos hubieran pasado por aquí.

Hay cierto desbarajuste de ropa. Seguimos teniendo demasiada. Hay desbarajuste de juguetes. Demasiados. Hay desbarajuste de libros, cuentos, cuadernos de verano, miles de hojas pintarrajeadas. En fin hay demasiado de todo, y poco tiempo para dedicarlo a enderezar un poco el rumbo de este barco.

Este año cuento con ayuda, pero aún estamos tratando de remar al mismo ritmo. Llevo demasiados años apañándome yo sola con la ayuda del Santo como para que de la noche a la mañana encuentre mi alma gemela. Pero bueno, tiempo al tiempo. Estamos poniéndonos ambas a prueba.

Como decía en el post anterior, este verano no ha sido un verano cualquiera, y lo he disfrutado a tope, pero con los niños ya en Madrid la cosa cambia, y antes por demasiado calor y ahora porque han bajado las temperaturas, estamos como que no nos encontramos. Ni ellos, ni yo.

Reconozco que me encantaría haber preparado la vuelta al cole como yo misma propuse aquí (pincha, pincha), pero la realidad ha sido otra. Tengo un armario en la entrada que literalmente empujo con el cuerpo para poder cerrarlo. Y encontrar los zapatos de los niños es una auténtica búsqueda del tesoro.

Pero poco a poco sé que volverá a fluir todo. Cada tarde dedico un ratito para tirar y reordenar algún rincón de casa, esos puntos calientes que llama Flylady, eso si, cruzando los dedos para que mis hijos se apiaden de mi y dure un poco más que unos minutos.

El momento tirar-tirar-tirar me sirve para paliar los estragos del estrés que tengo en el trabajo. Así que amigos, aprovechad a tirar si estáis un poco atacados como yo. La recompensa es ver menos basura a tu alrededor, menos cosas, y por tanto una visión más relajada. Ahí es cuando me reconcilio con Marie Kondo.

Así que en esta casa, unos han vuelto al cole y otra, parece que poco a poco también. Seguimos…cogiendo el ritmo.

Besos

Cómo planificar la organización de una casa

{La vuelta al cole} supone una reestructuración de tareas en casa y mucha, mucha, planificación
Cuando empecé a acercarme a la fecha en que probablemente me dieran el alta empecé a darle vueltas a la cabeza de cómo organizar todo. La casa, mi tiempo, los niños, sus deberes…
En casa no contamos con la ayuda de nadie, al menos por ahora. Pero si cuento con un marido bastante dispuesto a hacer lo que haga falta en las tareas del hogar y siempre que puede, con los niños. 
Así que mi plan tenía que incluirle a él, su extraño horario laboral, y a los niños. 
Por un lado está la casa: el mantenimiento básico diario, las rutinas puntuales (plancha, cambio de sábanas y toallas, limpieza de cristales, etc.) y el abastecimiento (compra, recados, arreglos).
Por otro, los niños: sus extraescolares, los deberes, sus rutinas.
Sobra decir que el Excel y yo somos, a estas alturas de la vida, íntimos amigos y siempre termina solucionándome la papeleta. Disfruto rellenando columnas, haciendo listas, imprimiendo y colocándolos en un lugar visible de casa, donde se los explico cual maestra ciruela a todo aquél que me quiera (o no) escuchar.
Pero toda esta organización y planificación no siempre funciona a la primera, y en la mayoría de los casos, tengo que retocar y readaptar tareas porque lo que parecía sencillo en la práctica es inviable. Así que cuando planifiques, date un margen de prueba, una semana, o incluso dos, para ratificar si es válido o no, y por supuesto para modificar lo que sea necesario. Más vale cambiar a tiempo que frustrarse pronto al vernos incapaces de cumplir.
A la semana, una vez todo empiece a rodar, si, tendrás un plan. Yo tengo ya un plan y parece que funciona. 
Es muy importante asignar tareas. No acaparar. Por defecto siempre intentamos encargarnos de la mayoría de las cosas, y al final, por experiencia, terminamos saturados. Y es que es más fácil asumir que delegar. Y yo soy la primera que tengo que aprender.
En el primer excel que suelo hacer hay más cosas de mi color que del color de mi marido. En el segundo la cosa se equilibra, porque tengo que reconocer que no llego, y sobre todo, que las tardes con los niños no son tan productivas en la práctica como suponía en el papel. El cansancio acumulado, tanto mío como de mis hijos, también hay que tenerlo en cuenta. 
Otras cosa que creo que es importante es organizar por bloques: por un lado la mañana, por otro la tarde, y después la noche. Es lo que Flylady describe como rutinas. Pues bien, esas rutinas son muy importantes, especialmente la de la mañana y la de la noche. Parece una chorrada, pero si fluyen, si funcionan y sois capaces de cumplirlas sin problema, el noventa por ciento de la organización será un éxito. 
Para ello te recomiendo que aproveches bien tu rutina de mañana, la exprimas al máximo. Más vale adelantar la hora de despertarse aunque cueste muchísimo apagar el despertador, y adelantar cosas antes de acostarnos, que emplear más tiempo por la tarde, cuando estamos todos más cansados y ya bastante hay con deberes, duchas, cenas…
En un próximo post te cuento como es nuestra rutina de mañana por si te sirve de ejemplo. 
Por ahora, apunta todo lo que haces cada día, desde que te levantas hasta que te acuestas, lo que necesitas para que tu casa esté decente, lo que necesitan tus hijos, y con qué ayuda cuentas para hacerlo todo. 
Divide en bloques, reparte tareas, delega y prueba. Date un margen de tiempo y rectifica lo que necesites. 
Y no te olvides de disfrutar, de descansar y de tu tiempo para ti, porque merece la pena.
Un beso fuerte,

Flylady y otros sistemas

Hace ya dos años hablé por aquí del {Método Flylady} y os hacía un brevísimo resumen. Sigo recalcando que para mí supuso un antes y un después en mi forma de organizar la casa, la limpieza, y ciertas rutinas. 
Ha habido muchas subidas y bajadas del tren (como dice la propia Flylady), he conocido otros sistemas, sigo a muchos blogs de organización, pero al final el sistema que me convence es el de ella. Si bien es cierto, lo he amoldado a mis circunstancias personales; al fin y al cabo yo trabajo fuera de casa y nuestro sistema de vida no es americano.
Durante este tiempo han surgido muchos otros gurús del orden, métodos como el de {Marie Kondo}, pero la gracia de este es que te habla de tu día a día , de cómo mantener tu casa, las tareas domésticas, etc.
¿Y por qué vuelvo a sacar el tema? Pues porque la semana pasada me compré el libro de Organiza tu Hogar en 30 días. Me picaba la curiosidad, ya sabes que me gusta mucho el tema, y además necesitaba leer algo distinto y ligero tras un par de lecturas “intensas”.
El libro está muy bien, pero básicamente es una traducción al español del sistema Flylady. Así que no descubrí nada nuevo, aunque sí me gustó refrescar la teoría que, ya por práctica, daba por sentada. Sin embargo, hay algo que tanto en el método, como en el libro, no se aborda o no lo suficiente y que para mí son fundamentales: la plancha, limpiar el polvo y aspirar o barrer a menudo.
Debo ser muy poco práctica al respecto, pero en esta casa no tenemos secadora, y sí, seguimos planchando. Esto de planchar debe ser muy mediterráneo, pero qué quieres que te diga, a mi me gusta ver la ropa bien estiradita, sin arrugas, colocada en el armario y que ocupe la mitad que si no pasa por la plancha. Me gusta el olor a plancha. Llámame loca, aunque creo que por aquí hay más de uno igual que yo. Pero tampoco te equivoques, no es una tarea que me guste especialmente.
Me encantaría tener una secadora, pero sé que supone un gasto absurdo extra viviendo en Madrid, donde sí, llueve, pero no como en el norte, y tenemos más días de sol, que nublados. Además dispongo de un lavadero, con espacio suficiente para tender la ropa dentro bien sea en el tendedero que tenemos en el techo y o usando el plegable de toda la vida. 
Otro tema con el que no estoy muy de acuerdo es por ejemplo el de limpiar el polvo o pasar el aspirador una vez a la semana como mucho. Creo que si limpiara el polvo de la casa una vez a la semana, con tres niños y con constantes obras a mi alrededor, podría usar las superficies como pizarras donde dejar mensajes a mi familia. Y las “migas” (de pan y no pan) que dejan mis hijos allá por donde pasan llevarían al traste todo lo bueno que trae tener una casa limpia y ordenada. 
Por lo demás si no “dominas” el inglés, Organiza tu Hogar en 30 díases una buena traducción para que luego tú lo adaptes total o parcialmente a tu día a día. Es un librito fácil, que se supone está escrito para que leas poco a poco, y que cada día cumplas tu misión, durante 30 días. Puedes encargarlo pinchando sobre el título. Si tú ya sigues a Flylady, o incluso tienes su libro Sink Reflectionsno te merece la pena. 
De todos modos, por mi parte trataré de ir actualizando mis trucos a través del blog por si te viene bien. Muchas me lo habéis pedido contestando a la pregunta que lancé a través de la Newsletter, sobre ¿Qué te gustaría encontrarte en el blog?
Gracias por dedicar un ratito a escribirme y contarme lo que os gusta, y lo que os aporta LMAL5, y sobre todo por contarme muchas experiencias. De corazón, gracias. 
Un beso,

Marie Kondo y mi experiencia con el cambio de armario

Llevo semanas consultando la aplicación del tiempo del móvil cada mañana al despertarme, casi ansiosa de ver en la predicción alguna nube y sobre todo temperaturas de menos de 25º en busca del estímulo suficiente para enfrentarme al famoso cambio de armario. 
Por otro lado, una de las cosas que tenía en mi lista de “pendientes” era leer el famoso libro de Marie Kondo, “La Magia del Orden. Una vez en mi poder, decidí abrir mi mente y absorber todo lo que en el libro promete, especialmente evitar el efecto rebote, es decir, volver a tener la casa, y tu vida, desordenada. 
Antes de nada te diré que en mi opinión el libro, o mejor dicho, el método, es demasiado radical, y para una familia es muy complicado llevarlo a cabo. Para una persona que vive sola, estoy segura de que puede resultar fantástico, pero para una casa con 5 personas como la nuestra, donde cada uno tiene su ropa, sus libros, sus cosas… resulta muy complicado seguir al pie de la letra sus condiciones para ordenar y organizar. 
Sin embargo, después de leerlo he sacado muchas cosas claras y reveladoras, incluso de mi misma. Lo más duro ha sido darme cuenta de que mi problema no es el orden o el tener más o menos, sino que me da pereza colocar a cada instante las cosas en su sitio. 
Es decir, soy una persona ordenada porque me gusta ver la casa organizada, e incluso disfruto organizando y ordenando, no tengo problema para deshacerme de cosas que sé a ciencia cierta que no necesito, pero en mi día a día, voy dejando pequeñas cosas encima de la mesa del comedor, o en la entrada, o en la banqueta de nuestro dormitorio, diciéndome a mi misma que luego lo voy a colocar. Sin embargo ese momento no llega y hasta que no me duele a la vista no me paro en seco y reordeno todo. 
Una vez identificado el problema y he escogido algunas cosas del método Kondo que sé que pueden funcionarnos siempre que trabaje en ello, llegaba el momento de enfrentarse a la realidad. 
Así que como el empujón no me llegaba en forma de parte meteorológico, me llegó desde Japón transformado en libro y el sábado me lié la manta a la cabeza y me puse manos a la obra. 
Bolsas en mano, empecé como dice el libro: sacando todo todo. Era la primera vez que lo hacía así y será la última. Tal cual. Esto no me sirve. Me agobié al ver nuestra cama, la banqueta, el suelo, todo lleno de mis cosas. Entre mi dificultad para caminar y que el cuarto no es demasiado grande a las cuatro horas aún seguía aquello alborotado y mi nivel de motivación por los suelos. 
Es verdad que hace meses hice una inmensa limpia de ropa y accesorios. De hecho al sacar la ropa de invierno, me di cuenta de lo poco que tenía, e incluso llegué a pensar que lo había guardado en otro sitio. Pero no. Se ve que aún tenía que hacer un nuevo filtrado.
Una vez que tenía los armarios y cajones vacíos, empecé a hacer selección: ¿Cuándo fue la última vez que me lo puse? ¿Me ha hecho feliz? Hace un año que lo lucí, fuera. Sí, me lo compré con mucha ilusión pero solo me lo puedo poner con botas altas, fuera. Nueve horas después tenía un montón de bolsas listas para tirar, otras con la selección que habían hecho mi cuñada y una amiga para ellas, y otras para dar a Cáritas. 
Lo cierto es que de repente he pasado de quejarme por falta de armarios a tener cajones y espacios vacíos que no sé con qué rellenar, porque he conseguido que todo tenga su lugar. Así que por ese lado el método ha funcionado. 
Otra cosa que aproveché fue a arreglar aquellas cosas que me quedaba pero que no me ponía porque le faltaba un botón, o porque tenía que ajustar los puños…y esta vez lo hice en el momento. Aguja e hilo me dediqué a rematar esas menudencias que me impedían disfrutar de mi blusa favorita, o de la chaqueta más versátil que tengo. 
Uno de los puntos que tampoco he cumplido ha sido el de tener la ropa de la otra temporada a mano. Lo siento pero a mi eso me descoloca bastante. Abrir un cajón y ver los bañadores al lado de los calcetines…vale, no dice exactamente eso, pero no puedo dedicarle una cómoda o varios cajones o baldas a una ropa que no me voy a poner en meses. Prefiero tenerla guardadita en el altillo o bien clasificada en una caja debajo de la cama y saber que me sigue sobrando espacio para que todo esté más amplio. 
Por otro lado el libro te da ciertas pautas, llamémoslas psicológicas, para colocar tu armario. La que más me gustó fue la de colocar la ropa colgada de izquierda a derecha de más largo a más corto y por modelos. Parece complicado pero luego no lo es tanto. Consiste en colocar la pieza más larga la primera, si resulta que es un vestido, pues a continuación pones todos los vestidos de más largo a menos largo. Luego las faldas, las chaquetas, las camisas…etc. Al final creas una especie de línea ascendente que va de izquierda a derecha que según ella, aligera y motiva. Ya te contaré.
Y ya que toco el tema del colgar y doblar, he seguido su consejo de doblar todo aquello susceptible de ser doblado o enrollado y colgar solo lo que por sus características, o tipo de tela ha de ir obligatoriamente en percha.
Una vez que he acabado con el famoso cambio de armario me he dado un plazo de dos meses para ver si funciona el método o vuelvo a mi sistema original, del que te hablé el año pasado en el post {10 pasos para no odiar el cambio de armario}. Prometo mantenerte al día. 
Igualmente estoy trabajando en un post más detallado sobre el libro, porque se pueden sacar cosas muy interesantes de él. 
¿Y tú, ya has hecho el cambio de armario? ¿Te fueron útiles mis consejos del año pasado? ¿Tienes un método propio?
Un besazo, 

Como ahorro (I)

No soy una persona ahorradora. Tampoco despilfarradora. Me considero del montón, de las que de vez en cuando se da un capricho, de las que le gustaría vivir mejor.
Y como una superviviente más de esta crisis, con un marido autónomo, me tengo que buscar la vida para organizar nuestra microeconomía.
Como decía el lunes, no soy una experta, pero si me gusta saber del tema y la primera lección que aprendí era que tenía que saber qué tenía.
Confieso que he pasado por épocas en las que me negaba a mirar el estado de nuestra cuenta por miedo a llevarme un disgusto y me aferraba a la máxima de ojos que no ven corazón que no siente. Sin embargo esconder la cabeza JAMÁS será la solución.
Así que el primer paso para tener una economía doméstica sana es mirar tu cuenta bancaria cada día. Eso y conocer al dedillo a tus enemigos: la Señora Hipoteca, Doña Letra del coche, las hermanas Agua, Luz y Gas, el vecino Don Teléfono, etc…
Sí, soy muy de hacer hojas de Excel para todo, pero también de guarrinear hojas y hojas con cifras. Con las entradas, con las salidas.
Una vez que conoces con los ojos cerrados todos los datos, especialmente hasta el más mínimo gasto, toca elaborar un plan. Crear un presupuesto.
Yo me he dedicado a hacer presupuestos en mi trabajo casi siete años, por lo que el tema no se me da mal, o eso creo. Pero la clave no está en este punto sino en cumplirlo. ¡AH! Y ahí es donde es muy fácil fallar, por lo menos nosotros.
Este mes de agosto decidimos hacer una prueba y tratar de vivir con el sistema de sobres y funcionó. Sobre todo a la hora de controlar el gasto para cosas personales, porque en verano, queramos o no siempre surgen gastos como aperitivos, helados, cafés, comidas y cenas con los que no cuentas y es muy fácil reventar cualquier presupuesto.
De este modo, al sacar la cantidad destinada para eso éramos conscientes de lo que teníamos, de lo que gastábamos y sobre todo de si nos teníamos que frenar para que nos alcanzara todo el mes. Lo mismo hicimos con el sobre para comida, y eso nos obligó a desarrollar lo que sería el tercer punto básico: elaborar un menú de comidas, meriendas y cenas, y sobre él hacer la lista de la compra con los productos necesarios para cocinarlas.
Pero ya metida en faena decidí rizar el rizo y crear esos menús y la lista de la compra con ayuda de los cupones que nos había dado Día con la compra de finales de Julio.
Puede que resulte un tostón, sobre todo si no tienes mucho tiempo, pero esto te llevará un rato de un día, y no sólo te ahorrarás dinero, sino también muchos quebraderos de cabeza a la hora de cocinar. Y lo confieso, me encanta comprobar en cada tique lo que nos hemos ahorrado.
En resumen, hay unos cuantos pasos importantes no, imprescindibles para tener una economía doméstica sana:
· Habituarnos a mirar nuestras cuentas a diario
 
· Conocer no solo nuestros ingresos sino sobre todo nuestros gastos
 
· Elaborar un presupuesto con lo que tenemos y lo que sabemos que va a salir para poder ahorrar
 
· Hacer lo posible por cumplir ese presupuesto haciendo uso de sistemas varios y de todos los trucos que conozcamos.
El próximo lunes, para finalizar, te contaré en un tercer post cuales han sido los trucos que hemos usado en los últimos tiempos, un libro y varias webs y plataformas que te serán muy útiles. Este viernes permíteme que cambie de tema para que entre un poco de aire fresco, que también hay que disfrutar de las cosas bonitas de la vida.
Besos,

Ahorrar

Una de las cosas que no cambian, ni parece que cambiarán es la famosa “cuesta de septiembre”. Creo que en comparación con la de enero, que es básicamente económica, por ser resultado de los excesos realizados durante el mes anterior por la Navidad, la se septiembre tiene además un componente psicológico. 
Es cierto que durante las vacaciones, queramos o no, gastamos más que lo habitual. Vale, los niños no tienen colegio, pero es más frecuente el gasto en aperitivos, helados, salidas a comer o cenar y transporte. Pero además nos relajamos, disfrutamos de la familia, y no queremos ni oír hablar de oficinas o puestos de trabajo.
Me reía yo el otro día con una frase que colgó en Facebook un primo nuestro el día uno de septiembre desde su mesa de trabajo: “Hoy más que ningún otro día, trabajar es de pobres”. 
En nuestro grupo de amigos, los últimos días de agosto el tema de “si me tocara la lotería” era muy recurrente. Los hubo que incluso se plantearon que no hacía falta que tocara, vendían todo y se iban a un pueblito a cultivar verdura y a criar una vaca y pollos. Les reíamos la gracia con una pizca de complicidad, pero todos sabiendo que no habría huevos (y no precisamente de los de gallina).
Así que llegamos al día uno con un agujero considerable en el bolsillo, y en el corazón. Y con las cifras de libros, uniformes y demás gastos relativos a la vuelta del cole atenazándonos a dos manos la garganta. Al menos a mi. 
Como este año sobre todo he tenido tiempo de leer, algunas de mis lecturas estivales de los últimos días fueron relativas al tema ahorro y economía doméstica. Mi intención, poner a prueba todo lo aprendido y ver qué pasa. A modo de experimento social, pero personal.
Por eso cuando colgué la foto en Instagram de mi mesa de la cocina con libros de recetas y el cuaderno con los menús, muchas de vosotras me pedisteis que compartiera. Que compartiera menús, y trucos para hacer la compra o cómo me organizo. 
Confieso que no tenía intención alguna de hacerlo. De verdad. Primero porque no quiero volver a montarme en la rueda de hámster de la que salté en abril, y porque quiero que La Merienda a las 5 sea un blog personal, no de autoayuda. Al que le gusten mis divagaciones bienvenido, al que no, pues eso, hay tropecientos mil millones de blogs en el mundo de los temas más variados, incluido este. Mi máxima es y ha de ser: disfrutar al cien por cien de lo que escribo.
Pero ¿sabes una cosa? Pues que con este tema del ahorro y de la economía doméstica estoy como niña con zapatos nuevos. Como no puedo moverme mucho, ni limpiar la casa más allá del polvo con un plumero electroestático y telescópico de colorines que me he agenciado, pues he encontrado en este tema la vía de escape para salir de mi rutina de convaleciente. Así que sin intención de ganar nada, he decidido contaros lo que voy aprendiendo y practicando al respecto.
Vamos, que aquí está, toda tuya, “la loca de los cupones” –como me ha empezado a apodar El Santo”- para que juntos superemos esta cuesta, y las que nos vengan.
Como este post se nos está alargando demasiado, y así creo un poco de expectativa para el siguiente, ¿qué tal si te pasas por los post que publiqué el curso pasado sobre los Carros de la Compra? Familias como la tuya y la mía, con 6 hijos, con dos o con ninguno que comparten su modo de llenar nevera y despensa con todos nosotros. Y el miércoles comenzamos.
Insisto que no quiero convertir esto en una temática habitual, sobre todo porque aún estoy en fase de experimentar, he tenido unos primeros y buenos resultados, pero este mes de septiembre es la prueba de fuego, y puede que lo que me valga a mí, no te resulte a ti, pero por intentarlo… que no quede. 
Te espero el miércoles.
Un beso, 

Papeles organizados

Ayer comenzó el plazo para presentar la declaración de la Renta 2014. Confieso que nunca la he hecho yo misma, sino que siempre se la damos a una persona de gran confianza, a la cual le tengo que preparar una carpeta con todos los documentos que necesita: la información fiscal del banco, recibos del seguro, de la hipoteca, donativos… etc. En fin todo lo necesario para tratar de pagar lo mínimo o que me devuelvan lo máximo posible.
Por otro lado Inma, una de mis más fieles lectoras me pidió hace varias semanas que por favor, le diera algún truco para organizar sus papeles. Vive en Alemania desde hace casi un par de años y en el cole y la guardería literalmente la empapelan a diario con circulares que parecen testamentos y que ella primero tiene que traducir. A eso se suman, recibos, cartas, etc. El caso es que los papeles se le acumulaban encima de la mesa frecuentemente, y me pidió consejo.
Además, mi amiga Cristina, de Yellow Mandarin me propuso intercambiar colaboraciones, ella pronto aparecerá por aquí con una receta de esas de las suyas tan maravillosas, y yo decidí hacer un DIY de organización que creo que me identifica bastante.
Resultado de todas estas necesidades surge el post de hoy: cómo organizo mis papeles.
Para empezar tenemos por así decirlo dos niveles. Cuando subimos a casa, dejamos el correo en un sitio; en concreto al lado del armario de la entrada. Normalmente abro las cartas en el ascensor para comprobar que no hay nada urgente. Lo urgente lo anoto o lo dejo sobre mi escritorio para resolverlo casi en el momento y el resto de correspondencia se queda en ese portacartas.
Semanalmente hago “limpia”. Llevo los papeles a mi mesa, repaso, tiro los sobres…y archivo.
Para archivar tenemos una carpeta tipo acordeón con separadores identificados tal y como puedes ver: garantías, luz, gas, agua, teléfono, seguros, colegio, etc. Ahí los voy metiendo durante el año, y después los paso todos juntos a una carpeta tipo AZ grande junto con los de otros años. En principio se supone que no estás obligado a guardar documentación de más de 5 años, pero yo lo guardo casi todo desde que nos casamos hace diez años.
Además de este sistema de archivo, que no tiene más misterio que el de hacerlo (archivar), encima de la mesa, tengo una Bandeja Organizadora DIYdonde coloco, arriba lo que tengo por hacer y abajo lo que está en curso. También la utilizo para las cosas del blog: recortes, o documentos que sé que me van a ser útiles a la hora de preparar un post, etc.
Es un sistema cómodo, para tener los papeles a mano, pero organizados de algún modo sencillo y nada engorroso. Además queda muy mono.
Como te decía, la bandeja está hecha en casa, con dos cajas de cereales. Puedes ver el paso a paso de cómo lo hice en el post de hoy de Yellow Mandarin. Es super fácil, y tardé menos de una hora en hacerlo. Anímate porque es sencillísimo hacerlo, venga te espero allí.
Feliz miércoles.

Un beso

Cómo organizarse con la colada.

Hace unas semanas recibí un email de una lectora, Sara que entre otras cosas (super amables) me preguntaba lo siguiente:
“Estaría bien que un día explicaras como organizarnos con las coladas ya que para mí es lo que más pereza me da”
La escribí dándole las gracias y que con su pregunta me había sugerido un tema muy interesante para el blog, Y aquí está. 
¿Por qué hoy? Porque siento comunicarte que después de unas merecidas vacaciones, aunque hayas estado en una segunda residencia con lavadora, siempre volvemos con ropa sucia extra para lavar. Lo que hace aún más dura la vuelta a la cruda realidad. 
Lo siento, en este post no te voy a hacer entrega de una varita mágica que lo haga todo. Sin embargo encontrarás paso a paso como nos organizamos en esta casa.
Tal y como le adelanté a Sara en mi email de respuesta, he pasado por muchas fases. En general esos métodos han ido cambiando en función del aumento de miembros de la familia. No es lo mismo hacer la colada para una pareja, como cuando hay un bebé, dos niños, o incluso adolescentes.
Al principio, y durante un tiempo, separaba la ropa: blanco, color y delicado. Luego pasé a mezclarlo todo y lavarlo en frío. ¿Y ahora? Ahora me organizo de la siguiente manera:
Tenemos dos cestos de ropa sucia. Uno en el cuarto de los niños, donde echo su ropa a la hora de las duchas, y que por la mañana dejo en el distribuidor para que el Santo y yo echemos nuestra ropa sucia. 
Ese cesto lo vuelco en el que tenemos en el lavadero. Y es en este último donde a lo largo del día echo las cosas que van surgiendo: trapos, un abrigo de La Heredera con restos de merienda de recuerdo, la toalla de manos del baño de los niños, etc.
Y CADA DÍA pongo al menos una lavadora. En ese momento, separo blancos de colores. ¿Por qué? Porque me di cuenta de que al lavarlos juntos para llenar el tambor, como lo tenía que hacer a una temperatura baja, o bien había muchas manchas que no salían, o bien los blancos poco a poco se iban tornando en grises o amarillos. 
Por eso volví a la separación. Y CADA DÍA pongo una lavadora de lo que más haya. 
Otro aspecto clave es conocer qué programa hay que poner cuando la lavadora no está del todo llena. En la mía son los programas de Sintéticos (frío / 40º/ 60º) y salvo contados días que está el bombo lleno, son los que más utilizo.
El hacer al menos una colada DIARIA me permite que no se me acumule la ropa sucia (que luego cuesta más sacar cualquier mancha) ni tampoco la plancha.
La ropa blanca suelo lavarla a 40º, y suelo ponerle blanqueador para que no amarillee. Las toallas y sábanas me gusta lavarlas a 60º (en ese caso siempre pongo ciclo normal porque las mojadas pesan más y pueden alcanzar fácilmente los 7Kg de capacidad). 
En cuanto a la ropa de color siempre en frío. Al no llenarse la lavadora del todo la ropa se mueve más y sale más limpia. Pero siempre en el programa adecuado para cuando el tambor no está lleno. 
Normalmente estos programas duran unos 45-50 minutos, así que en ese tiempo aprovecho para descolgar la colada anterior.
No tenemos secadora, pero nuestra lavadora tiene un centrifugado bastante potente, que además al no estar del todo lleno el tambor, hace que la ropa salga muy escurrida.
En casa tenemos un tendedero de techo interior, uno de cuerdas al exterior y el típico plegable que ponemos a veces en la terraza o en invierno cerca de algún radiador.
Tengo varias manías al respecto. Las camisas me gusta colgarlas en perchas, bien estiradas, con el botón del cuello abrochado y los puños bien estirados. Esto hace que casi no haya que plancharlas (de hecho hay algunas, que de verdad, no hace falta).
Las camisetas y resto de ropa me gusta sacudirlas antes de colgar y hacerlo de la manera más recta posible, bien estirado todo. Los calcetines los cuelgo siempre emparejados.
Estiro tanto todo, que quizá me cunda menos el metro lineal de tender, pero desde luego me ahorro mucha mucha plancha.
La ropa que no necesita plancharse la coloco normalmente yo, aunque últimamente he impuesto una nueva norma y es que los niños (que son los que más manchan) se la guarden ellos. Para eso se la pongo en tres montones encima de la mesa del comedor, y ellos se encargan de recogerla y colocarla en los correspondientes cajones y lugares. 
La Heredera lo hace bajo supervisión materna por ahora, pero pronto lo hará sin ella. Todo es cuestión de ponerlo accesible para ellos. 
En cuanto a la plancha tratamos de que no se acumule haciendo mini sesiones casi diarias. Cuando hay mucho reconozco que me pongo un capítulo de Velvet o del Tiempo Entre Costuras y ahí que paso mi rato agradablemente. 
En resumen: 
– Al menos una lavadora diaria y separando blancos de colores.
– Ajustarse al programa adecuado porque la lavadora no estará llena. 
– Utilizar la temperatura correcta.
– Tender todo lo más estirado posible y las camisas en perchas. 
– Plancha casi a diario, no acumules o será peor. 
Y ahora que ya sabes cómo nos organizamos en esta casa de cinco (de los cuales sólo uno lleva uniforme, y no llevan babi, ni siquiera para comer…) cuéntame tú tus trucos. 
Un beso,

Reto Especial Primavera

Tal y como te avanzaba en el {Té de Domingo} el Reto Especial Primavera ya está aquí. 
Comenzará el lunes 6 de Abril y está planteado de la misma manera que el anterior Reto. Es decir, cada lunes durante las siguientes cuatro semanas recibirás un email con pautas y trucos para tener lista la casa para el mes de Mayo. 
El Reto es complementario a las tareas y hábitos que se supone que hemos adquirido con el Primer Reto de Febrero y que repetimos en Marzo, es decir, que la casa la llevamos al día más o menos. 
Esta vez nos centraremos en dar un repaso en profundidad a toda la casa, haciendo hincapié en ciertas tareas que se hacen semestralmente o incluso anualmente. 
Por supuesto está incluido el cambio de armario. 
Cada semana te propondré 2 tareas para hacer, de modo que el día 1 de Mayo tu casa luzca lista para disfrutarla cuando realmente llegue la primavera. 
Además durante las próximas semanas iré publicando en el blog post de apoyo con trucos o DIY caseros que sé que te vendrán bien y que en su mayoría están preparados en respuesta a las peticiones que he recibido por mail.
La inscripción comienza hoy mismo pinchando en este link. Aunque hayas estado suscrito al anterior Reto tendrás que volver a inscribirte ya que esas listas anteriores están cerradas. 
INSCRIPCIÓN CERRADA 
(el Reto ha comenzado)
Como en las otras ocasiones después de rellenar el formulario con tu nombre y dirección de correo electrónico, recibirás un correo de La Merienda a las 5 solicitando tu confirmación. Recuerda que si no lo confirmas no estarás suscrito y por tanto no podrás recibir el Reto. 
Por supuesto y como ya hicimos con el Reto La Casa al Día, es muy importante que nos motivemos los unos a los otros y compartamos nuestros avances, trucos o por el contrario que solicitemos el apoyo y ánimo de nuestros compañeros y por descontado el mío, que estaré aquí para resolver todas tus dudas. Las Redes Sociales nos ayudarán mucho, no 
No dudes en compartir con quien consideres este Especial Primavera, cuantos más seamos, mejor. 
El día 5 a las 23:59 (Hora Española) se cierra el plazo de inscripción, esta vez hay casi dos semanas, así que no hay excusa!
Un beso fuerte

Trucos para dormitorios pequeños

En nuestra primera casa el dormitorio principal era bastante pequeño, unos 5 m2 y una vez incorporado el armario que hicimos de obra para aprovechar al máximo el espacio quedo poco más que para una cama de 135 y una librería pequeña.
Actualmente el cuarto es bastante más grande, pero aun así tuvimos que pensar bien la distribución.
Para empezar mantuvimos la cama de 135, no somos precisamente grandes, por lo que nunca hemos echado de menos tener más espacio. Las mesillas son altas y estrechas, con espacio para guardar libros abajo y un pequeño cajón donde meter lo indispensable.
Como son estrechas poner una lámpara encima era inviable, así que recurrimos a unos apliques de Ikea que pusimos por encima del cabecero. Como la cadena para encenderlas es muy corta se me ocurrió anudar unos lazos blancos para que fuera más cómodo y la verdad es que fue un acierto total.
En cuanto al almacenaje, los armarios empotrados que hay son insuficientes para los cinco, por lo que siempre estoy buscando trucos, rincones o espacio extra donde guardar las cosas (como ya te enseñé en {Cómo organizo el canapé}).
Detrás de la puerta de entrada quedaba un hueco que aprovechamos para poner un soporte corredero donde guardar los trajes de fiesta o los abrigos que no son de diario.
Los ponemos en fundas de plástico o de tela para preservarlos de polillas o polvo.
Pero la pieza estrella es una cómoda nórdica de los años 60 que me encanta. Estaba en la casa y es un desahogo tremendo porque tiene múltiples cajones donde colocar accesorios varios, pijamas, etc.

Dentro de los cajones metí las típicas bandejas organizadoras de Ikea, donde queda todo más ordenado y a la vista. Esto es súper útil con los complementos, como el cajón de los cinturones y los guantes, o el de la manicura.

Este tipo de muebles – cajonera creo que son indispensables casi en cualquier estancia. Porque permiten “esconder” todo aquello que estorba a la vista o en la limpieza y a la vez puedes tenerlo a mano y a la vista con solo abril el cajón.
Particularmente me gustan los dormitorios con pocas cosas, limpios visualmente, y de colores neutros. No es una habitación en la que “viva” o pase mucho tiempo, pero me gusta que al estar en ella tenga sensación de paz o de tranquilidad, por eso escogí  los tonos blancos, crudos y tostados.
Al haber pocas cosas, es más fácil de mantener al día. ¿Y tú? ¿Tienes algún truco para un dormitorio de adulto con poco espacio?

Un beso,